El Ayuntamiento de Barcelona ha puesto en marcha las obras de un nuevo espacio de juegos de agua en la avenida de Mistral, en el barrio de Sant Antoni. La actuación, situada entre las calles de Entença y Rocafort, transformará el actual parque infantil en una zona pensada para que los más pequeños puedan refrescarse durante los meses de verano. La inversión municipal asciende a 220.000 euros y se enmarca en la ampliación de la red de refugios climáticos de la capital catalana.
El nuevo recinto ocupará alrededor de 42 metros cuadrados y se plantea como un refugio accesible y de uso familiar, concebido para responder a una crisis climática que castiga cada año con más fuerza la trama urbana del Eixample. El consistorio lo presenta como una alternativa frente al calor y, a la vez, como una vía para ampliar las opciones de ocio infantil en el espacio público, especialmente para las familias del barrio que no pueden permitirse salir de la ciudad durante las semanas más calurosas.
Un diseño pensado para que disfruten todos los niños
El parque dispondrá de distintos elementos dinámicos, entre surtidores, aspersores y chorros, distribuidos para que puedan jugar niños de diferentes edades. La seguridad ha sido uno de los ejes centrales del proyecto: el pavimento será de hormigón antideslizante, con una ligera pendiente que conducirá el agua hacia un sistema de drenaje central para evitar charcos y acumulaciones.
El Ayuntamiento subraya, además, el carácter inclusivo del espacio. El diseño se ha pensado para que los niños con diversidad funcional puedan acceder y disfrutar de los chorros en igualdad de condiciones, una premisa que el gobierno municipal viene aplicando de forma sistemática en las últimas remodelaciones de áreas de juego. Durante los meses en los que la zona esté operativa, se colocará un vallado perimetral que delimitará el área y reforzará la seguridad de los usuarios.
Sostenibilidad y uso responsable del agua
Pese al despliegue de agua previsto, el consistorio ha fijado límites claros para garantizar un uso responsable del recurso. Las instalaciones solo funcionarán entre junio y septiembre y, a diferencia del resto de fuentes ornamentales de la ciudad, no se activarán de forma automática: hará falta pulsar un botón, de modo que el agua únicamente correrá cuando los usuarios la pidan.
A esto se añade un tope diario de consumo: los surtidores no podrán superar los diez metros cúbicos al día. El Ayuntamiento defiende que este equilibrio permite refrescar el barrio sin renunciar a una gestión prudente de los recursos hídricos, en un contexto marcado por episodios recurrentes de sequía en el conjunto de Cataluña.
En el entorno de la avenida también se reordenará el mobiliario urbano y se adaptarán los accesos para que la nueva área se integre con naturalidad en el día a día del barrio.
Una pieza más de la red de refugios climáticos
La intervención en Sant Antoni no es un caso aislado. Se inscribe en la estrategia municipal para ampliar la red de refugios climáticos de Barcelona, que este año se acercará a los 230 espacios repartidos por todos los distritos. La red incluye desde bibliotecas y equipamientos climatizados hasta parques con una gran densidad de arbolado, siempre con el mismo objetivo: que ningún vecino tenga que caminar más de diez minutos para encontrar un punto de alivio frente al calor.
En lo que se refiere específicamente a los juegos de agua, el Ayuntamiento prevé que este verano haya ocho espacios de este tipo distribuidos por distintos barrios. La idea de fondo que defiende el gobierno de Jaume Collboni es garantizar que cada barcelonés disponga de una zona así a cinco o diez minutos de casa antes de que acabe el año.
Con el nuevo espacio de Mistral, el Eixample suma un punto más en ese mapa pensado para hacer frente a veranos cada vez más duros. Una apuesta que refuerza el modelo de urbanismo amable que defiende el consistorio, en el que el agua y la sombra recuperan protagonismo en medio del asfalto y ayudan a transformar la calle en un lugar más habitable para todos.







