Las previsiones meteorológicas apuntan a temperaturas muy por encima de la media en los próximos meses. La probabilidad de que El Niño se active con fuerza crece semana a semana.
Todavía no hemos terminado de guardar el abrigo y los termómetros ya han rebasado los 30 grados en pleno mayo. No es algo puntual: las temperaturas han sido anormalmente altas en gran parte de la península Ibérica estas últimas semanas, y todo apunta a que lo peor podría estar aún por llegar. Detrás de este escenario hay un fenómeno bien conocido por la meteorología: El Niño, que este año amenaza con presentarse con una fuerza inusual.
En qué consiste El Niño y por qué preocupa tanto
Se trata de un fenómeno climático recurrente que se desencadena cuando las aguas del Pacífico ecuatorial se calientan muy por encima de lo normal. Ese calentamiento anómalo acaba alterando la circulación atmosférica a escala planetaria. Cuando la subida de temperatura del océano es especialmente acusada, los climatólogos hablan de ‘Superniño’, un episodio en el que las anomalías pueden superar los dos grados por encima de la media.
La Organización Meteorológica Mundial advirtió en febrero de que entre mayo y julio las posibilidades de que El Niño volviera a instalarse alcanzaban el 40 %. Desde entonces, los modelos han ido revisando esas cifras al alza. Los datos de la NOAA, la agencia meteorológica estadounidense, sitúan ahora la probabilidad en torno al 60 %. La AEMET, por su parte, calcula que existe entre un 20 y un 25 % de posibilidades de que el episodio derive en un fenómeno de gran intensidad de cara al otoño.
Qué puede ocurrir en Barcelona y en el resto de España
Aunque El Niño nace a miles de kilómetros de aquí, el clima global funciona como un sistema de engranajes conectados. Cuando el Pacífico se calienta de forma drástica, aumenta la facilidad con la que las masas de aire sahariano se desplazan hacia la Península, lo que se traduce en olas de calor más frecuentes, más largas o más tempranas de lo habitual.
Las previsiones de la AEMET indican que el periodo de mayo a julio acumula un 50 % de probabilidades de resultar más caluroso de lo normal en buena parte del territorio. Los datos recientes no invitan al optimismo: el pasado abril ha sido el mes más cálido de toda la serie histórica en España, y el junio del año anterior batió el récord en Cataluña.
En Barcelona, donde el efecto isla de calor urbano eleva aún más los registros, un verano con picos extremos supondría un reto importante para la salud pública y el día a día de la ciudad.
El Cantábrico, posible refugio frente al calor
En medio de un panorama dominado por las altas temperaturas, la cornisa cantábrica podría librarse de lo peor. Los patrones de viento que acompañan a El Niño tienden a generar anticiclones que, según su posición, canalizan aire fresco del norte hacia la fachada atlántica. Si el patrón se confirma, el norte peninsular quedaría relativamente protegido mientras el Mediterráneo y el interior tendrían que soportar los valores más extremos.
Con todo, la AEMET ha querido poner las cosas en su sitio: la influencia directa de El Niño sobre el verano será seguramente limitada, porque el fenómeno aún estará en sus primeras fases. El verdadero motor del calor, insiste la agencia, sigue siendo el calentamiento global de origen humano. De hecho, los dos veranos más cálidos de los que se tiene constancia, el de 2022 y el de 2025, se produjeron sin que hubiera ningún episodio de El Niño en marcha.
Las estimaciones actuales sitúan en un 61 % la probabilidad de que El Niño acabe desarrollándose, con la posibilidad añadida de que resulte especialmente intenso. Los servicios meteorológicos aconsejan seguir las actualizaciones y extremar las precauciones frente al calor durante los próximos meses.








