El Ayuntamiento de Barcelona quiere doblar la tasa que pagan los cruceristas y pasar de los 4 euros actuales a 8 euros, que es el máximo permitido ahora por la ley. La intención de Jaume Collboni es aplicar el incremento ya el año que viene, sin esperar el plazo de cuatro años previsto inicialmente. El alcalde también ha reclamado que ese límite legal se eleve para poder fijar importes más altos en el futuro. El objetivo, según defiende el consistorio, es que este tipo de turismo contribuya mejor al coste de los servicios públicos que utiliza y que las visitas de pocas horas, sin pernoctación ni retorno claro para los barrios, dejen de resultar tan ventajosas.
Collboni ha situado los cruceros de tránsito en el centro del debate turístico. Son los buques que llegan a la ciudad, desembarcan pasajeros durante unas horas y continúan la ruta sin que esos visitantes duerman en Barcelona. Para el gobierno municipal, este modelo tensiona el espacio público, concentra grandes flujos de personas en poco tiempo y aporta menos actividad económica que otras formas de visita. La fiscalidad, en este caso, se plantea como una herramienta para orientar el mercado y defender una relación más equilibrada entre la ciudad y el turismo.
Turismo de calidad y menos dependencia del volumen
El alcalde ha rechazado que una presión fiscal más alta tenga que restar atractivo a Barcelona. Frente a las críticas que alertan de una posible pérdida de competitividad, Collboni ha defendido que gobernar también implica elegir qué modelo se quiere favorecer. Su apuesta pasa por un turismo con más valor para la ciudad y menos basado en el volumen. No se trata, según esta lectura, de expulsar visitantes, sino de evitar que Barcelona asuma costes urbanos elevados sin una compensación suficiente.
La medida encaja con otras decisiones que el Ayuntamiento ha ido impulsando en los últimos meses. Entre ellas, la eliminación progresiva de los pisos turísticos, el refuerzo de la inspección y la aceleración de la tasa a los cruceros. Collboni presenta esta línea como una respuesta a un malestar vecinal que lleva años creciendo y como una manera de ordenar una actividad clave para la economía, pero que necesita límites más claros para no deteriorar la vida cotidiana de los residentes.
La vivienda sigue en el centro de las prioridades
La vivienda ha ocupado una parte destacada de la intervención del alcalde. Collboni ha reconocido que es el principal problema de Barcelona y ha admitido que no existe una solución única ni inmediata. Aun así, ha defendido medidas concretas, como la retirada de los pisos turísticos, que considera sólida desde el punto de vista jurídico. También ha valorado el efecto del tope al precio del alquiler, que, según el gobierno municipal, ha contribuido a frenar la subida de los últimos años.
Para ampliar la oferta, el Ayuntamiento se ha fijado el objetivo de construir 1.000 viviendas públicas al año de cara a 2027. Collboni asegura que esa cifra se superará. En cuanto a la reserva del 30% de las nuevas promociones para vivienda protegida, el alcalde ha remarcado que la propuesta sigue viva y que quiere retomar la negociación con Junts. También ha afirmado que él incorporaría esa medida al programa electoral.
Presupuestos, obras y seguridad
En el terreno presupuestario, Collboni ha avanzado que presentará una propuesta de cuentas para 2027. Si no logra la mayoría necesaria, el Ayuntamiento prorrogará los presupuestos actuales. El alcalde también ha pedido a los grupos progresistas del Parlament que faciliten las cuentas de la Generalitat, porque considera que la decisión afecta directamente al progreso de muchos municipios.
Sobre las obras, las ha definido como un mal necesario para mejorar Barcelona. Ha confirmado que la conexión definitiva del tranvía por la Diagonal no empezará durante este mandato, pero confía en que el proyecto reciba la aprobación definitiva el año que viene. En seguridad, ha destacado el aumento de la plantilla de la Guardia Urbana hasta los 3.500 agentes y la mejora de la coordinación con los Mossos, la Fiscalía y la judicatura. El balance que dibuja es el de una ciudad con problemas importantes, pero con una agenda municipal clara para afrontarlos.







