{"id":252,"date":"2026-03-20T12:10:00","date_gmt":"2026-03-20T11:10:00","guid":{"rendered":"https:\/\/elcontrapunt.cat\/?p=252"},"modified":"2026-03-20T13:45:27","modified_gmt":"2026-03-20T12:45:27","slug":"junts-y-el-arte-de-congelar-el-tiempo-comin-europa-y-la-politica-que-aprende-a-no-decidir","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/elcontrapunt.cat\/es\/junts-y-el-arte-de-congelar-el-tiempo-comin-europa-y-la-politica-que-aprende-a-no-decidir\/","title":{"rendered":"Junts y el arte de congelar el tiempo: Com\u00edn, Europa y la pol\u00edtica que aprende a no decidir"},"content":{"rendered":"\n<p>A veces la pol\u00edtica no se define por lo que hace, sino por lo que decide no hacer todav\u00eda. En ese intervalo \u2014ese espacio suspendido entre el gesto y su consecuencia\u2014 se instala una forma particularmente sofisticada de poder: la dilaci\u00f3n. Ah\u00ed, precisamente ah\u00ed, se sit\u00faa hoy el caso de Toni Com\u00edn y la respuesta de Junts per Catalunya: congelar el expediente, aplazar la resoluci\u00f3n, desplazar el conflicto hacia un ma\u00f1ana siempre conveniente.<\/p>\n\n\n\n<p>No es un recurso nuevo. Ya lo advert\u00eda Antonio Gramsci al describir esos tiempos en los que lo viejo se resiste a desaparecer mientras lo nuevo no termina de imponerse. En ese territorio intermedio \u2014ni decisi\u00f3n ni negaci\u00f3n\u2014 florece una pol\u00edtica que administra silencios con la misma destreza con la que otros administran discursos. Porque no decidir tambi\u00e9n es una forma de decidir, aunque se disfrace de prudencia institucional.<\/p>\n\n\n\n<p>El Parlamento Europeo ha se\u00f1alado que existen elementos suficientes para que las acusaciones avancen. No se trata de una sentencia, pero tampoco de una insinuaci\u00f3n menor. Es un pronunciamiento que sit\u00faa el caso en un umbral de credibilidad pol\u00edtica dif\u00edcil de eludir. Frente a ello, la respuesta de Junts no ha sido confrontar el problema, sino reubicarlo, como quien cambia de habitaci\u00f3n un asunto inc\u00f3modo con la esperanza de que pierda peso fuera de la vista.<\/p>\n\n\n\n<p>La escena remite, inevitablemente, a ciertos h\u00e1bitos sedimentados en la cultura pol\u00edtica espa\u00f1ola. Durante la Transici\u00f3n \u2014ese relato tantas veces invocado y tan pocas veces interrogado\u2014 se consolid\u00f3 una pedagog\u00eda del aplazamiento: no incomodar, no profundizar, no desestabilizar. Hoy, en otro contexto y con otros actores, ese eco vuelve a escucharse, adaptado a los c\u00f3digos de una pol\u00edtica que presume de modernidad mientras reproduce viejas inercias.<\/p>\n\n\n\n<p>En ese marco, la trayectoria de Com\u00edn introduce una iron\u00eda persistente. Su tr\u00e1nsito desde posiciones vinculadas a la izquierda hacia un espacio liberal-conservador no es, en s\u00ed mismo, el problema. La pol\u00edtica est\u00e1 hecha de desplazamientos. Lo inquietante es otra cosa: la distancia entre los valores que se invocan y las responsabilidades que se asumen cuando esos valores son puestos a prueba.<\/p>\n\n\n\n<p>Porque la democracia \u2014si aspira a ser algo m\u00e1s que una ret\u00f3rica funcional\u2014 se sostiene en la capacidad de sus instituciones para responder con claridad, actuar con coherencia y asumir costes. Cuando esa respuesta se suspende, cuando la decisi\u00f3n se convierte en una promesa indefinida, lo que se erosiona no es solo la credibilidad de un partido, sino el propio v\u00ednculo entre ciudadan\u00eda y pol\u00edtica.<\/p>\n\n\n\n<p>En ese marco m\u00e1s amplio, la figura de Com\u00edn llega a este episodio con un desgaste acumulado. Desde hace tiempo, su credibilidad ha sido objeto de cuestionamiento en relaci\u00f3n con determinadas posiciones consideradas estrat\u00e9gicas dentro de su propio espacio pol\u00edtico, especialmente en lo que respecta a los horizontes que durante a\u00f1os estructuraron parte del debate catal\u00e1n. A ello se a\u00f1ade una percepci\u00f3n de pasividad ante episodios dif\u00edcilmente justificables en t\u00e9rminos pol\u00edticos, as\u00ed como su negativa a formalizar plenamente su condici\u00f3n de eurodiputado mediante el reconocimiento de la Constituci\u00f3n espa\u00f1ola \u2014un gesto que implicar\u00eda su regreso a Espa\u00f1a y la exposici\u00f3n a un escenario judicial incierto, en el que terceros actores sin la protecci\u00f3n institucional del Parlamento podr\u00edan quedar particularmente expuestos.<\/p>\n\n\n\n<p>Lejos de disipar las dudas, este conjunto de decisiones proyecta una imagen ambigua, en la que el tiempo vuelve a operar como herramienta de gesti\u00f3n \u2014y, quiz\u00e1, tambi\u00e9n de contenci\u00f3n\u2014. Es en ese punto donde la l\u00ednea entre estrategia y elusi\u00f3n se vuelve m\u00e1s tenue, especialmente cuando lo que est\u00e1 en juego no es solo la trayectoria de un dirigente, sino la forma en que una organizaci\u00f3n enfrenta situaciones que exigen claridad y responsabilidad.<\/p>\n\n\n\n<p>No hablamos, en \u00faltima instancia, de un expediente concreto ni de un nombre propio. Hablamos de una l\u00f3gica. De una manera de habitar el poder que convierte el tiempo en refugio y la indefinici\u00f3n en estrategia. Y conviene decirlo sin rodeos \u2014conviene insistir\u2014: lo que no se resuelve no desaparece; simplemente espera, y a veces crece.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>A veces la pol\u00edtica no se define por lo que hace, sino por lo que decide no hacer todav\u00eda. En ese intervalo \u2014ese espacio suspendido entre el gesto y su consecuencia\u2014 se instala una forma particularmente sofisticada de poder: la dilaci\u00f3n. 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