{"id":31017,"date":"2026-08-06T08:00:00","date_gmt":"2026-08-06T06:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/elcontrapunt.cat\/?p=31017"},"modified":"2026-08-06T03:44:04","modified_gmt":"2026-08-06T01:44:04","slug":"mi-educacion-sobre-la-muerte-4-de-agosto-de-2026","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/elcontrapunt.cat\/es\/mi-educacion-sobre-la-muerte-4-de-agosto-de-2026\/","title":{"rendered":"Mi educaci\u00f3n sobre la muerte (4 de agosto de 2026)"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La muerte existe; o, m\u00e1s bien, <strong>preexiste a nuestra fr\u00e1gil contingencia<\/strong>. Cada uno de nosotros busca, en esta cl\u00ednica de la incertidumbre, una respuesta a su propia finitud. Desde el desapego plat\u00f3nico hasta el esc\u00e1ndalo del absurdo, <strong>\u00abese hilo que se rompe\u00bb, seg\u00fan Jank\u00e9l\u00e9vitch<\/strong>, la muerte sigue siendo una nada; <strong>se resiste imp\u00fadicamente al genio humano y a sus demiurgias tecnol\u00f3gicas<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Como libanesa, <strong>esta proximidad con la muerte nos viene inscrita en nuestros registros geneal\u00f3gicos<\/strong>, como un patrimonio que no elegimos. <strong>Nuestros certificados civiles rivalizan en nombres tachados.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Mi primer contacto con la muerte comenz\u00f3 durante un campamento de verano al que mis padres me llevaron cuando yo era muy peque\u00f1a. Un monitor, apenas unos a\u00f1os mayor que nosotros, al considerarme insoportable, me propinaba bofetadas a diestro y siniestro por cualquier motivo. Recuerdo <strong>la asfixiante injusticia de aquella indiferencia colectiva<\/strong>: como si aquel tren desbocado en el que \u00e9ramos apaleados constituyera un territorio intocable, un orden inmutable cuya \u00fanica ley se imprim\u00eda sobre la carne de mi rostro.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Alg\u00fan tiempo despu\u00e9s de regresar a casa, descubr\u00ed en una de las revistas pol\u00edticas de mi madre la esquela de aquel monitor, acompa\u00f1ada de su fotograf\u00eda. <strong>Hab\u00eda ca\u00eddo en combate. Fue entonces cuando conoc\u00ed la mordedura de la culpa: la de ver desaparecer a un ser que me hab\u00eda hecho sufrir.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los muertos se sucedieron unos tras otro: <strong>una procesi\u00f3n ininterrumpida de familiares, atentados, ni\u00f1os de mi pa\u00eds, ahogamientos, asesinatos\u2026<\/strong> \u00a1Cu\u00e1ntos motivos distintos para una sola ma\u00f1ana: <strong>la de la ausencia<\/strong>!<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y, como cualquier ni\u00f1o, fui construyendo piedra a piedra mi vocabulario de la muerte. <strong>Cad\u00e1veres intactos, cuerpos despedazados, restos en descomposici\u00f3n<\/strong>: la realidad lleg\u00f3 hasta m\u00ed sin ning\u00fan filtro. Pero cuanto m\u00e1s se abr\u00eda el abismo, m\u00e1s necesitaba comprender por qu\u00e9 aquella Gorgona adquir\u00eda proporciones tan monstruosas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Durante la adolescencia devor\u00e9 tratados de metaf\u00edsica y de ocultismo, <strong>buscando desesperadamente hacer inteligible aquello que escapaba a toda comprensi\u00f3n<\/strong> y que, cada noche, antes de dormirme, convocaba bajo la b\u00f3veda de mi cr\u00e1neo a un ej\u00e9rcito de fantasmas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La muerte de otro joven me permiti\u00f3 contemplar de cerca otro espect\u00e1culo brutal: <strong>el de un cuerpo sin alma<\/strong>, en el sentido estrictamente org\u00e1nico del t\u00e9rmino. Expuesto sobre su lecho funerario, como dictan nuestros ritos de duelo, comenzaba a deformarse ante nuestros ojos debido al calor sofocante. <strong>Aquella nariz y aquellos o\u00eddos taponados me persegu\u00edan sin descanso.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Una vez terminada la ceremonia, me deslic\u00e9 a escondidas hacia las criptas familiares, <strong>un lugar estrictamente prohibido para las mujeres<\/strong>, pues la tradici\u00f3n reservaba \u00fanicamente a los hombres el \u00faltimo acompa\u00f1amiento del difunto.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En el silencio h\u00famedo de aquella cripta me encontr\u00e9 sola frente al nicho del fallecido. Las fotograf\u00edas, fijadas poco antes por sus familiares, comenzaban a desprenderse a causa de la humedad, <strong>como si ya temblaran ante la perspectiva de precipitarse en aquella eternidad incierta.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Yo quer\u00eda verla, a esa muerte que me helaba la sangre en las venas. Quer\u00eda comprenderla, domesticarla, apaciguarla, tranquilizarme frente a ella<\/strong>, con toda la ingenuidad de la que entonces era capaz.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Convencida de que mis padres ya deb\u00edan de haber advertido mi ausencia, sub\u00ed de nuevo los escalones, <strong>consciente de haber dejado otra parte de m\u00ed misma en la horizontalidad de aquellas catacumbas.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">M\u00e1s tarde complet\u00e9 mi educaci\u00f3n sobre la muerte al comp\u00e1s de las frases salmodiadas durante los velatorios: \u00abHa vivido una buena vida\u00bb, \u00abdi3ano\u00bb, \u00abqu\u00e9 muerte tan injusta\u00bb, \u00abella no puede vivir quit\u00e1ndole los a\u00f1os a otra persona\u00bb, \u00ab\u00e9l deber\u00eda haber muerto en su lugar\u00bb\u2026<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Sin embargo, el gran teatro de la crueldad no termin\u00f3 ah\u00ed. <strong>Como si formara parte de una etapa obligatoria de nuestra pedagog\u00eda nacional del terror<\/strong>, tuve el singular privilegio de ampliar mi imaginario macabro gracias al celo de una religiosa.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Convencida de que su misi\u00f3n consist\u00eda en alejarnos del aborto, un d\u00eda nos reuni\u00f3 en una sala subterr\u00e1nea para proyectarnos <strong>la filmaci\u00f3n de una interrupci\u00f3n voluntaria del embarazo en tiempo real<\/strong>. En la pantalla apareci\u00f3 un feto apenas unos instantes antes de ser engullido por el aspirador mec\u00e1nico.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Con los ojos clavados en el proyector, contempl\u00e1bamos, petrificadas, <strong>la desesperada danza de aquel embri\u00f3n que intentaba escapar de la c\u00e1nula<\/strong>. Yo ten\u00eda la extra\u00f1a impresi\u00f3n de que el feto sonre\u00eda mientras esquivaba los embates. Parec\u00eda bailar con una ligereza casi insolente, enlazando una pirueta tras otra, como si gritara al vac\u00edo:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00ab<strong>\u00a1Este instante me pertenece, pedazo de mat\u00f3n de metal!<\/strong>\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y el horror alcanz\u00f3 su punto culminante bajo la mirada satisfecha de nuestra religiosa, <strong>convencida de haber forjado, en aquel preciso instante, a unas dignas y piadosas mujeres cristianas para toda la vida.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El aspirador fue desmembrando al feto, miembro a miembro. Sin embargo, <strong>yo segu\u00eda \u00edntimamente convencida de que aquella criatura astuta continuaba bailando y huyendo de la m\u00e1quina<\/strong>, ante unos ojos condenados para siempre por una escena suspendida entre dos mundos: <strong>el de lo indecible y el de lo innombrable.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cuando termin\u00f3 la aspiraci\u00f3n, nuestra mentora nos lanz\u00f3, triunfante, una pregunta:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014<strong>Y ahora decidme: \u00bfest\u00e1is a favor o en contra del aborto?<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A partir de aquel momento <strong>me sent\u00ed preparada para afrontar el caos del mundo<\/strong>. Estaba fortalecida por mis traumas acumulados, por mi familiaridad con la muerte y por aquel teatro \u00edntimo de cuerpos desgarrados.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>La imagen del v\u00f3rtice<\/strong>&#8230; <strong>ya nunca me abandon\u00f3.<\/strong> Empec\u00e9 a concebir <strong>cada muerte como una grieta repentina que se abre en el tejido del universo<\/strong> para engullir a quien ha sido elegido y volver despu\u00e9s a cerrarse sobre s\u00ed misma.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Rilke so\u00f1aba con una muerte \u00abverdaderamente propia\u00bb, nacida de la vida como el fruto nace de su semilla. <strong>Las m\u00edas, en cambio, siempre tuvieron el aspecto de un secuestro prolongado.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La met\u00e1fora no quiso detenerse ah\u00ed. Tuve el horror de profundizar a\u00fan m\u00e1s en ese aprendizaje a trav\u00e9s de determinadas grietas que permanecieron abiertas mucho m\u00e1s tiempo que otras, <strong>engullendo un n\u00famero de vidas infinitamente mayor que el que suelen cobrarse las muertes ordinarias<\/strong>: la carne pulverizada de las v\u00edctimas del 4 de agosto; la sangre de los ni\u00f1os salpicando los muros de Gaza; familias enteras borradas del mapa en un instante en el sur del L\u00edbano; los cuerpos sepultados bajo los escombros de Beirut; las vidas segadas en el valle de la Bekaa\u2026<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Hay que haber visto a ni\u00f1os convertidos en estrellas rojas sobre los balcones de sus propias casas para comprenderlo.<\/strong> Una composici\u00f3n pict\u00f3rica capaz de despertar la envidia del propio Pollock. \u00bfY qu\u00e9 decir de las mujeres desgarradas por las ondas expansivas? Una escena que habr\u00eda fascinado a G\u00e9ricault. Susan Sontag escribi\u00f3 que <strong>la fotograf\u00eda del sufrimiento nos convierte, al mismo tiempo, en testigos y en voyeurs<\/strong>; en nuestra parte del mundo seguiremos siendo artefactos de Ogrish.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Nuestro \u00fanico poder consiste, entonces, en ahogar la muerte en una taza de caf\u00e9 adornada con flores de ciruelo y guirnaldas de color azul.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La pseudorreflexi\u00f3n sobre la muerte no es m\u00e1s que una forma de somnolencia, nos recuerda Jank\u00e9l\u00e9vitch: <strong>una meditatio mortis que vuelve el utrumque un poco m\u00e1s familiar.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En este pa\u00eds <strong>hemos convertido la conmemoraci\u00f3n de las grietas en un ritual nacional<\/strong>, un modesto ejercicio de equilibrio destinado a sostener el decorado de las apariencias.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por mi parte, fortalecida por aquella temprana formaci\u00f3n de orgullosa libanesa en la biolog\u00eda de las entra\u00f1as, vuelvo la mirada hacia mis compatriotas, que aprendieron, cada uno a trav\u00e9s de \u00absu religiosa\u00bb, <strong>la lecci\u00f3n del v\u00f3rtice.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Eso es lo \u00fanico que hacemos en este pa\u00eds que nunca duerme: bailar y girar sobre nosotros mismos, desafiando al v\u00f3rtice que pretende engullirnos antes de tiempo.<\/strong> Nos arrancan un miembro y bailamos con m\u00e1s fuerza; nos amputan una pierna y respondemos con un gesto de desaf\u00edo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En tierras como la nuestra, <strong>la muerte termina convirti\u00e9ndose, parad\u00f3jicamente, en una fuerza creadora.<\/strong> Es ella quien nos empuja a asumir, en palabras de Heidegger, la condici\u00f3n de un ser que <strong>\u00abnace ya lo bastante viejo para morir\u00bb.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Como aquel feto \u2014<strong>uno de mis grandes maestros<\/strong>\u2014 sigo bailando sobre el vac\u00edo, con el esp\u00edritu siempre perseguido por el torbellino que nos acecha. A veces consigo olvidarlo durante unos instantes, hasta que el v\u00eddeo de la peque\u00f1a Alexandra, desaparecida en uno de nuestros tantos 4 de agosto, cantando junto a su padre, vuelve a record\u00e1rmelo. <strong>Bis repetita.<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La muerte existe; o, m\u00e1s bien, preexiste a nuestra fr\u00e1gil contingencia. Cada uno de nosotros busca, en esta cl\u00ednica de la incertidumbre, una respuesta a su propia finitud. 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