Alejandro González Iñárritu lleva 25 años viviendo en Estados Unidos, pero ahora se prepara para marcharse. El cineasta mexicano lo ha explicado en una entrevista en Radio Euskadi, donde ha vinculado esa decisión al clima político y social del país bajo la administración Trump. Para el director, el ideal del sueño americano ha quedado muy lejos. Su frase resume el desencanto con una dureza poco habitual: se acabó la fiesta y el sueño americano es ahora una pesadilla.
Iñárritu no habla desde la distancia. Ha desarrollado una parte esencial de su carrera en Estados Unidos, ha vivido allí durante décadas y ha recibido algunos de los reconocimientos más importantes de Hollywood. Aun así, considera que el éxito profesional no borra la condición de inmigrante. Según explicó, el problema no es solo legal o administrativo, sino también emocional y social: tiene que ver con la forma en que se mira a quien viene de fuera, con el trato que recibe y con el lugar que se le permite ocupar.
Cuatro Oscar y una identidad marcada por el desarraigo
La trayectoria de Iñárritu en Hollywood es excepcional. Con Birdman o (La inesperada virtud de la ignorancia) ganó los Oscar a mejor dirección, mejor guion original y mejor película. Un año después volvió a imponerse en la categoría de mejor dirección con El renacido, el western que también dio a Leonardo DiCaprio su primer Oscar como actor protagonista. En muy poco tiempo, el director mexicano se consolidó como una de las figuras más influyentes del cine internacional.
Pero detrás de esos premios hay una biografía atravesada por la migración. Iñárritu ha tratado a menudo este tema en sus películas, no como una idea abstracta, sino como una experiencia que transforma la manera de mirar el mundo. En la conversación con Radio Euskadi insistió en que dejar un país y construir una vida en otro deja una huella difícil de borrar. Ni la posición económica, ni el reconocimiento, ni el estatus social anulan del todo esa sensación.
El director lo describe como una especie de desplazamiento permanente. Quien ha migrado, sostiene, ya no vuelve a pertenecer del todo a ningún sitio. Es una idea que recorre buena parte de su obra y que aparece con fuerza en Bardo, falsa crónica de unas cuantas verdades, una película construida precisamente alrededor de la identidad, la memoria y el regreso imposible.
Raíces vascas y un nombre convertido en homenaje
La conversación también dejó un detalle menos conocido de la historia familiar del cineasta. Iñárritu explicó en Radio Euskadi que tiene raíces vascas por parte de un antepasado llamado Silverio Iñárritu. Según relató, Silverio nació en 1842 en Gordexola, en Bizkaia, y emigró de joven a Veracruz, donde se casó con una mujer veracruzana. De esa rama familiar procede el apellido que hoy lleva el director.
Ese origen no ha quedado solo en el ámbito genealógico. Iñárritu explicó que el protagonista de Bardo se llama Silverio Gama como homenaje a aquel antepasado. El apellido Gama procede de su padre, también vinculado familiarmente a esa zona. La elección del nombre no es casual ni decorativa: conecta la película con una historia de desplazamientos, herencias e identidades mezcladas que forma parte de la propia vida del director.
Una salida sin destino anunciado
Iñárritu no ha concretado dónde vivirá cuando deje Estados Unidos. Lo que sí ha dejado claro es que siente que una etapa se ha terminado. La decisión resulta especialmente significativa porque no llega después de un fracaso profesional, sino tras una carrera marcada por el reconocimiento. Llegó al país buscando un lugar donde crecer, lo encontró y ahora vuelve a hacer las maletas por motivos que tienen más que ver con el clima social que con el cine.
Su reflexión va más allá del caso personal. Habla de una experiencia compartida por millones de personas que han dejado su país y han descubierto que el arraigo no siempre llega con los años. Iñárritu lo resumió con una imagen poderosa: vivir la migración es como estar dentro del agua buscando el fondo sin llegar a encontrarlo nunca. En su caso, esa sensación vuelve ahora a ponerlo en movimiento.








