El Palau Martorell inaugura este jueves ICONS, una retrospectiva de Steve McCurry con más de cien fotografías en gran formato. Cuarenta años de carrera condensados en una sola muestra, lo que convierte la propuesta en una de las citas fotográficas más importantes de la temporada en Barcelona.
McCurry no necesita demasiada presentación. Aprendió el oficio en los márgenes del reportaje clásico, con la cámara al hombro y poco equipaje, y acabó convirtiéndose en una de las referencias visuales más reconocibles del siglo XX. Sus primeros trabajos en los años ochenta, vinculados sobre todo a Afganistán y al sudeste asiático, lo llevaron a los grandes circuitos internacionales. Desde entonces ha recorrido prácticamente todo el planeta, y pocas realidades humanas han escapado a su objetivo.
La fotografía como lenguaje universal
En ICONS está, por supuesto, el retrato de Sharbat Gula, la joven afgana fotografiada en un campo de refugiados en Pakistán cuya imagen se publicó hace más de cuarenta años y sigue siendo uno de los iconos visuales del siglo. Pero la muestra no depende únicamente de esa pieza. A su alrededor se abre una selección amplia: niños en mitad de la calle, mercados de cualquier rincón del mundo, rostros anónimos que guardan algo difícil de definir. Vida cotidiana en contextos extremos, fotografiada sin golpes de efecto.
Eso es, en buena parte, lo que distingue la mirada de McCurry. Su fotografía tiene una calidad pictórica inusual en el fotoperiodismo: la composición, la luz y los colores revelan una atención que va mucho más allá de atrapar un instante. Y sin embargo, las imágenes no pierden su peso documental. Sitúan, explican, dan cara a realidades que de otra manera quedarían reducidas a titulares.
En la sala, el visitante encontrará imágenes hechas en zonas de guerra, en pueblos sin nombre, en fronteras que no aparecen en los mapas. La mayoría de sus protagonistas viven en condiciones de vulnerabilidad, y McCurry los retrata con una dignidad que no mira hacia otro lado pero tampoco convierte el sufrimiento en espectáculo. En las fotografías de gran formato, cada detalle —un pañuelo, una mirada oblicua, la forma en que alguien sostiene a un niño— cobra una dimensión que a menor escala quizás pasaba inadvertida.
Un espacio que apuesta por el gran público
El Palau Martorell lleva años construyendo un modelo expositivo basado en el equilibrio entre nivel y accesibilidad. ICONS encaja perfectamente: es una muestra que funciona tanto para quienes conocen a McCurry de sobra como para quienes lo descubren ahora. La museografía es sobria, sin exceso de paneles ni de recursos audiovisuales, y deja que las fotografías hablen por sí solas.
La exposición ha abierto el 15 de mayo y se espera que permanezca en cartel durante los próximos meses. Todo indica que tendrá muy buena acogida, como ha ocurrido con otras propuestas recientes del mismo espacio. Barcelona tiene tradición fotográfica y un público exigente, y ICONS está a la altura de los dos. No es una exposición para visitar con prisa.







