Tres de cada 10 personas afirman haberse sentido solas, un sentimiento que crece entre los jóvenes
El ruido es la principal fuente de conflictos entre las personas que viven en un mismo edificio en las localidades de la metrópolis de Barcelona. La mayor parte de los conflictos se resuelven de forma privada y no es necesario recurrir a otros estamentos para llegar a un acuerdo. Las discusiones, la suciedad o el mantenimiento de los espacios comunes son otras de las causas que provocan problemas de convivencia.
Estas son algunas de las conclusiones que se pueden extraer de la Encuesta de convivencia y relaciones vecinales 2024, llevada a cabo por el Institut Metròpoli con la financiación del Área Metropolitana de Barcelona (AMB). La encuesta se realizó a 3.183 personas del área metropolitana entre el 19 de octubre y el 29 de noviembre de 2024.
El estudio muestra que las relaciones entre las personas que viven en un mismo edificio no son frecuentes, aunque son más intensas entre las que son propietarias, las que llevan mucho tiempo viviendo en el barrio y las que tienen más de 45 años. Por el contrario, los jóvenes y las personas nacidas en el extranjero, en general, se relacionan menos con los vecinos.
Un 9,6 % de la población ha tenido conflictos vecinales durante el último año, sobre todo relacionados con el ruido. Las condiciones materiales de la vivienda y del edificio influyen en el grado de conflictividad, que suele ser más elevado si las personas residen en viviendas de dimensiones reducidas o en edificios con un estado de conservación deficiente.
El 44,5 % de la población considera que la suciedad puede llegar a limitar la convivencia, seguida de la circulación de vehículos (33,3 %) y de la falta de espacios para socializar (19,2 %).
Barrios bien comunicados, equipados y seguros
La mayor parte de los encuestados considera que el barrio está bien comunicado (91,9 %) y dispone de parques y espacios verdes (86,2 %). Estos se consideran adecuados para niños (85,1 %) y con una buena oferta de equipamientos (76,8 %). La seguridad percibida es elevada (71,4 %), pero la vitalidad no tanto (64,0 %). La actividad asociativa que se percibe es el punto más débil, con un 55,7 %.
La población utiliza habitualmente las calles, los parques, las plazas y los equipamientos del barrio, pero pasa el tiempo de ocio en otros lugares y participa poco en las actividades de las asociaciones. El uso de los barrios varía significativamente en función tanto del contexto global como de las prácticas cotidianas individuales. Así pues, las personas que viven en barrios de renta más elevada pasan más tiempo de ocio en ellos, pero hacen menos uso de los equipamientos. En cuanto a la participación en actividades de las asociaciones, es más frecuente en municipios más pequeños (39,7 %) y menos habitual en las ciudades grandes (28,2 %), incluyendo Barcelona (29,9 %).
Las mujeres hacen un uso más frecuente de los equipamientos del barrio, pasan más tiempo de ocio en ellos y participan más en actividades asociativas. Las personas nacidas en España también utilizan más el barrio en comparación con las personas nacidas en el extranjero.
Soledad no deseada
El 9,8 % de la población metropolitana a menudo se ha sentido sola o excluida en el último mes. La sensación de soledad es más alta entre las mujeres (12,3 %) que los hombres (6,9 %). Destaca de estos datos que el colectivo más afectado es el de los jóvenes de entre 16 y 29 años. Un 11,7 % declara haber sentido soledad. Entre los mayores de 75 años, el porcentaje se sitúa en el 11,5 %.
El módulo sobre soledad de esta encuesta también muestra que el 40 % de la población metropolitana dispone de una red relacional limitada, con ausencia o escasez de personas de confianza con quienes poder contar en momentos de dificultad. Además, un 2,8 % dice que se ha sentido solo o excluido durante el último mes y que no tiene ningún familiar ni amigo viviendo cerca.







