Profesionales de Sant Joan de Déu y del Clínic han llevado a cabo la intervención
Especialistas del Hospital sant Joan de Déu de Esplugues y el Hospital Clínic Barcelona ha operado, por primera vez en Europa, un feto que, a causa de una grave malformación, había desarrollado las tripas fuera de su cuerpo. El bebé, que fue operado en el vientre de la madre en el transcurso de la semana 28 de gestación, nació seis semanas después y actualmente se alimenta con normalidad.
El feto presentaba una gastrósquisis, una malformación congénita en la que las tripas del bebé (ya veces otros órganos) se desarrollan fuera del cuerpo a través de un orificio en la pared abdominal, situada a la derecha del cordón umbilical, que no se cierra correctamente durante el embarazo. Al no estar protegidas, las tripas quedan expuestas al líquido amniótico, se inflaman, pierden riego sanguíneo y pueden sufrir necrosis, con consecuencias muy graves para el bebé después del nacimiento.
Los profesionales que seguían el embarazo de la madre, una chica de 20 años, detectaron la malformación del feto en una ecografía rutinaria durante la semana 20 de gestación y la derivaron a BCNatal HSJD-HC, centro referente en obstetricia y medicina fetal. Tras evaluar las diferentes opciones y consultar el caso con el comité de ética, los profesionales que atendían a la gestante le propusieron una cirugía fetal que hasta ahora se ha llevado a cabo sólo en muy pocas ocasiones en Colombia y Estados Unidos, pero nunca en Europa.
El director de BCNatal HSJD-HC, Eduard Gratacós, explica que, normalmente, los fetos con gastrósquisis son intervenidos tras nacer, «pero este caso era tan grave que el bebé corría un riesgo muy elevado de perder gran parte de las tripas si esperábamos el nacimiento, porque tenía prácticamente todo el intestino.»
El jefe del Servicio de Cirugía del Hospital Sant Joan de Déu, Xavier Tarrado, añade que «si no se hubiera intervenido en el vientre de la madre, el bebé corría el riesgo de sufrir el síndrome del intestino corto y requerir nutrición parenteral a largo plazo e incluso un trasplante intestinal».
La cirugía fetal tuvo lugar el 10 de febrero, duró dos horas y media y fue llevada a cabo por un equipo integrado por especialistas en medicina y cirugía fetal, cirugía pediátrica, anestesiología y neonatología.
Los cirujanos hicieron una incisión en el vientre de la gestante para acceder al útero; seguidamente, recolocaron el feto -de sólo 700 gramos de peso- en la posición adecuada para poder acceder al abdomen fetal del feto e intervenirlo mediante laparoscopia. Por eso, introdujeron cuatro trócares en la bolsa amniótica y tras extraer el líquido amniótico e introducir gas para poder crear un espacio dentro del abdomen que les permitiera ver y operar con seguridad, fueron reintroduciendo cuidadosamente la tripa dentro de la pared abdominal.
Al finalizar, cerraron la perforación del abdomen. Se trata de una intervención que requiere un alto grado de precisión teniendo en cuenta que el feto pesaba 700 gramos, que el intestino tenía una longitud de 80 centímetros y un diámetro de 3 a 15 mm, y debía ser reintroducido por una perforación de sólo 1,5 centímetros.
En los días posteriores a la intervención, el feto fue objeto de un seguimiento ecográfico que permitió confirmar que la tripa reducía el grado de inflamación y recuperaba su aspecto habitual. El embarazo prosiguió y el bebé nació mediante parto con cesárea en el transcurso de la semana 34 de gestación. Pese a presentar bajo peso para su edad gestacional, la evolución fue muy favorable y después de una breve estancia hospitalaria fue dado de alta. Actualmente se alimenta con normalidad.







