La lluita contra el càncer de mama ha avançat de manera significativa durant les darreres dècades. Avui, a Catalunya, la supervivència de les pacients cinc anys després del diagnòstic se situa en el 89,3%, una dada que convida a l’esperança, però que no ha de fer abaixar la guàrdia. Darrere d’aquest percentatge hi ha milers de dones, famílies que han passat per moments d’incertesa i professionals sanitaris que treballen cada dia per millorar el diagnòstic, els tractaments i la qualitat de vida de les pacients.
Las cifras también recuerdan la dimensión del reto: Salut estima que en 2025 se diagnosticaron 5.630 casos de cáncer de mama en Catalunya. Ante esta realidad, existen dos herramientas que resultan fundamentales para seguir avanzando: la detección precoz y la investigación científica. Y ambas necesitan una sanidad pública sólida, bien financiada y capaz de garantizar que las oportunidades de prevenir, detectar y tratar la enfermedad no dependan de los ingresos de cada uno.
Detectar el cáncer en una fase inicial puede ampliar las opciones terapéuticas y mejorar su pronóstico. Por eso, los programas de cribado son una pieza esencial de la salud pública. En Cataluña, el programa de detección precoz invita a las mujeres de entre 50 y 69 años a realizarse una mamografía cada dos años. Durante 2024, permitió identificar 1.427 casos de cáncer de mama.
Es una herramienta valiosa, pero los datos de participación también señalan una asignatura pendiente. Ese año, el 59,4% de las mujeres invitadas se realizaron la mamografía. Cabe preguntarse cómo mejorar esta cifra y qué obstáculos impiden que más mujeres participen en el programa. La información, la proximidad de los servicios sanitarios, la facilidad para acceder a las pruebas y la confianza en el sistema son factores determinantes. Una invitación no es suficiente si no va acompañada de las condiciones necesarias para que todo el mundo pueda responder a ella.
Sin embargo, la detección precoz no lo es todo. Para que los avances sean reales y sostenidos, es necesario invertir en investigación. Cada nuevo conocimiento sobre la biología de los tumores, cada mejoría en las técnicas diagnósticas y cada tratamiento más eficaz pueden abrir nuevas posibilidades para las pacientes. La investigación permite avanzar hacia terapias más personalizadas, reducir sus efectos adversos y mejorar tanto la supervivencia como la calidad de vida. También es imprescindible para afrontar los casos más agresivos y aquellos en los que la enfermedad reaparece o deja de responder a los tratamientos disponibles.
La investigación, sin embargo, necesita tiempo, recursos y continuidad. No puede confiarse exclusivamente en proyectos puntuales ni en inversiones sometidas a resultados inmediatos. Se necesitan financiación estable, equipos científicos bien dotados, infraestructuras adecuadas y una conexión efectiva entre los laboratorios, los hospitales y los servicios asistenciales. Recortar o debilitar esa capacidad significa poner obstáculos a avances que pueden ser decisivos en el futuro.
Es aquí donde la sanidad pública tiene un papel insustituible. La investigación biomédica cuenta también con la participación de universidades, centros privados y empresas farmacéuticas, pero corresponde al sistema público garantizar que las prioridades de salud colectiva no queden subordinadas a la rentabilidad económica. También le corresponde asegurar que los beneficios del conocimiento científico y de los nuevos tratamientos lleguen a todas las personas que los necesitan, independientemente de su renta o del lugar en el que viven.
Un tratamiento innovador sólo representa un verdadero progreso social si las pacientes pueden acceder a ellos en condiciones de equidad. De poco sirve que la ciencia abra nuevas puertas si su coste, las listas de espera o las desigualdades territoriales limitan su acceso. La innovación debe ir acompañada de políticas públicas que hagan posible una incorporación justa y efectiva al sistema sanitario.
Defensar la sanitat pública, per tant, no és només defensar hospitals, consultes i professionals. És defensar la prevenció, el diagnòstic a temps, la recerca i el dret a rebre els millors tractaments disponibles. És entendre que la salut no pot convertir-se en un privilegi reservat a qui pot pagar més, sinó que ha de ser una garantia compartida pel conjunt de la societat.
La supervivencia del 89,3% es una noticia esperanzadora pero no puede ser un punto de llegada. Debe ser un estímulo para seguir mejorando. Es necesario aumentar la participación en los programas de detección precoz, reforzar la investigación y garantizar que los avances científicos se traduzcan en beneficios reales para todas las pacientes.
Porque detrás de cada porcentaje hay una vida. Y porque ante el cáncer de mama, llegar antes puede marcar la diferencia, investigar puede abrir nuevas oportunidades y disponer de una sanidad pública fuerte es esencial para que estas oportunidades sean para todos.









