Afecta al 1,3% de la población, pero muchas personas conviven durante años con los síntomas sin obtener un diagnóstico
El trastorno de atracón es el trastorno de la conducta alimentaria (TCA) más frecuente, pero también uno de los menos diagnosticados. A pesar de afectar aproximadamente al 1,3% de la población, muchas personas pueden convivir durante años con los síntomas sin saber qué les ocurre ni recibir una atención especializada.
Un estudio internacional liderado por la Unidad de Trastornos de la Conducta Alimentaria del Hospital Universitario de Bellvitge y el Instituto de Investigación Biomédica de Bellvitge (IDIBELL), publicado en la revista European Eating Disorders Review, identifica dos perfiles clínicos diferenciados en personas con trastorno de atracon. Estos perfiles se asocian a diferencias en la edad de inicio, el grado de funcionamiento y la respuesta al tratamiento, abriendo la puerta a un abordaje terapéutico más personalizado.
El análisis, basado en una muestra de 196 personas, pone de manifiesto que no todas las personas con trastorno de atracon presentan la misma evolución clínica ni responden de la misma manera a los tratamientos disponibles, algo que podría explicar por qué una parte de los casos no obtienen los resultados esperados.
Un trastorno frecuente, pero a menudo invisibilizado
El trastorno de atracon se caracteriza por episodios recurrentes de ingesta muy elevada de comida en un período muy corto de tiempo, acompañados de una sensación de pérdida de control. A diferencia de otros TCA, estos episodios no van seguidos habitualmente de conductas compensatorias como el vómito o ejercicio excesivo.
A pesar de su elevada prevalencia, sigue siendo un trastorno poco diagnosticado. A menudo, los síntomas se interpretan erróneamente como una falta de voluntad o un problema relacionado exclusivamente con el peso corporal, lo que contribuye a retrasar la detección y el acceso a la atención especializada.
«El trastorno de atracon es un trastorno complejo, con factores biológicos, psicológicos y sociales que alteran el comportamiento alimentario», explica el doctor Fernando Fernández-Aranda, director del Programa de TCA del Hospital Universitario de Bellvitge, director del Área de TCA de Bellvitge-Fundación Hospitalarias e investigador del IDIBELL. «Los estudios muestran alteraciones en circuitos cerebrales relacionados con la recompensa, el control inhibitorio y la regulación emocional, similares en algunos aspectos a los mecanismos de las adicciones», añade.
Dos perfiles clínicos, dos necesidades diferentes
El estudio, liderado por la doctora Lucía Camacho-Barcia, investigadora del IDIBELL, describe a dos grandes grupos de personas con trastorno de atracon. Por un lado, un perfil con una edad de inicio más tardía y un mejor nivel de funcionamiento global. Por otro lado, un perfil con mayor afectación clínica, caracterizado por una psicopatología alimentaria más intensa, más desregulación emocional y una mayor presencia de síntomas relacionados con la adicción a la comida.
Las personas con este perfil con mayor complejidad clínica presentan una mayor probabilidad de abandonar el tratamiento o de no alcanzar la remisión de los síntomas, lo que refuerza la importancia de identificar las características clínicas de cada caso desde el inicio.
Según la doctora Camacho-Barcia, estos resultados evidencian la heterogeneidad del trastorno y la necesidad de evitar modelos terapéuticos únicos para situaciones clínicas muy distintas.
«Nuestros datos indican que no todas las personas con trastorno de atracon necesitan el mismo tipo de intervención ni la misma intensidad terapéutica», señala Fernández-Aranda. “Identificar estos perfiles puede ayudarnos a ofrecer tratamientos más ajustados a las necesidades de cada persona y, potencialmente, mejorar sus resultados”, mantiene.
El trastorno de atracon a menudo convive con la obesidad, pero requiere un abordaje específico centrado en los aspectos emocionales y cognitivos.
«El primer objetivo del tratamiento debe ser reducir o eliminar los episodios de atracon», señala Fernández-Aranda. «Sólo después, en su caso, se puede valorar una intervención sobre el peso. Cuando nos centramos exclusivamente en el peso y no abordamos el trastorno alimentario subyacente, es muy difícil conseguir resultados estables», explica el especialista.
Los resultados del estudio indican que identificar el perfil clínico puede mejorar la selección de intervenciones psicológicas, el seguimiento personalizado y la efectividad de los tratamientos combinados, avanzando hacia una medicina más precisa también en el ámbito de la salud mental.
Bellvitge, centro de referencia en trastornos de la conducta alimentaria
La Unidad de TCA del Hospital de Bellvitge es una de las más especializadas del Estado y, con más de 10.000 personas atendidas en tres décadas, se ha consolidado como referente en asistencia, investigación y docencia. El centro acumula más de 500 publicaciones internacionales, ha participado en manuales y tratados de TCA y ha presentado más de 400 ponencias en congresos científicos. La unidad ha liderado y participado en 45 proyectos competitivos y ha dirigido 38 tesis doctorales, reforzando el papel del Campus Salut Bellvitge como motor de innovación en salud mental y en modelos de atención personalizada.







