Un sondeo de Ipsos para La Vanguardia augura una subida de Aliança Catalana, que pasaría de 2 a 30 diputados en el Parlament
El panorama político en Catalunya puede ser ingobernable en los próximos años. Una encuesta elaborada por Ipsos para La Vanguardia, elaborada entre los días 23 de septiembre y 1 de octubre sobre una muestra de 2.000 entrevistas, dibuja un escenario caótico y fragmentado en el que el ascenso imparable de la ultraderecha (catalana y española), el hundimiento de Junts y la caída del PSC dinamitan cualquier mayoría coherente o al menos viable. La mayoría progresista actual, que encumbró a Illa con los votos de ERC y los Comunes ya no sería posible.
Según el estudio, el PSC perdería 12 escaños y pasaría de los 42 de 2024 a 30, empatando con Aliança per Catalunya; ERC subiría de 20 a 23 escaños y los Comunes pasarían de seis a cuatro.
Por su parte, Junts sufriría un descalabro histórico: cedería 19 escaños y pasaría de los 35 diputados actuales a un pronóstico de 16.
La ultraderecha española también tendría un incremento significativo, sumando 18 escaños.
Con 48 escaños, el Parlament de Catalunya contaría con un 35% de representantes de la ultraderecha uno de los porcentajes más altos de Europa.
En principio, el bloque independentista volvería a alcanzar la mayoría absoluta, aunque tendría serias dificultades para traducir ese resultado en un acuerdo de gobierno. Aliança Catalana, Junts, ERC y la CUP sumarían 72 escaños, pero las posibilidades de entendimiento entre estas formaciones serían limitadas. En la práctica, únicamente Junts podría encontrar puntos de acuerdo con Aliança per Catalunya. En un contexto de fuerte polarización política, Sílvia Orriols tendría complicado reunir los apoyos necesarios para impulsar una nueva declaración de independencia.
Ante este panorama, Catalunya podría verse abocada a una repetición electoral, ya que ni Salvador Illa ni Sílvia Orriols tendrían asegurada una mayoría suficiente para gobernar. El PSC seguiría siendo la fuerza más votada, con el 21,7% de los sufragios. Sin embargo, el sistema electoral español, que favorece la representación de las circunscripciones menos pobladas frente a las grandes áreas urbanas, condiciona la distribución de escaños. Catalunya, por su parte, no ha conseguido aprobar una ley electoral propia desde la recuperación de la democracia, una situación que históricamente ha beneficiado a determinadas fuerzas políticas, entre ellas CiU. Las consecuencias de este desequilibrio se hacen cada vez más visibles, mientras Aliança Catalana continúa ganando terreno.
El acceso a la vivienda se situaría como el principal problema para los catalanes, en línea con lo que ocurre en el conjunto de España. En cuanto a la valoración de los dirigentes políticos, Gabriel Rufián ocuparía la primera posición, con un 52% de aprobación, seguido de Salvador Illa, que alcanzaría el 36%.
Los resultados de la encuesta dibujan un escenario político especialmente complejo, marcado por la dispersión del voto entre ocho formaciones con representación, una creciente polarización y la dificultad de construir mayorías parlamentarias sólidas. Ante esta situación, Illa dispone de dos años para intentar revertir la tendencia y recuperar apoyos. Sin embargo, el avance de la ultraderecha no es un fenómeno exclusivo de Catalunya, sino que responde a una dinámica política más amplia que se extiende por numerosos países europeos.








