El lugar donde la afición azulgrana ha celebrado los títulos durante casi un siglo no podrá utilizarse mientras duren las obras de remodelación de la Rambla. El Ayuntamiento y el club ya trabajan para encontrar alternativas.
Una fuente, un símbolo, una tradición de casi cien años
Hay lugares que hace mucho dejaron de ser solo lo que eran. La fuente de Canaletas, esa estructura de hierro fundido situada al comienzo de la Rambla, es uno de ellos. Nadie va allí a beber agua. La gente va porque siente que ese sitio le pertenece. Porque ahí es donde el barcelonismo ha salido a abrazarse cada vez que el Barça ganaba algo que de verdad merecía celebrarse.
Pero este año tocará esperar. Las obras de remodelación de la Rambla afectan de lleno a la zona de Canaletas y el acceso al punto de encuentro de siempre no estará disponible. El Ayuntamiento de Barcelona ya trabaja con el club para encontrar una alternativa que permita a la afición celebrar el más que probable título de Liga, con el Barça nueve puntos por delante del Real Madrid y con el Clásico del 10 de mayo en el Spotify Camp Nou todavía por jugarse, de una forma digna y, sobre todo, segura. Así lo confirmó en RAC1 David Escudé, concejal de Deportes del consistorio.
De las canaletas medievales a la fuente del siglo XIX
La historia de Canaletas empieza mucho antes de que existiera el Barça. El nombre viene de la Edad Media, cuando el agua de Barcelona llegaba desde las minas de Collserola y entraba en la ciudad por el Portal de l’Àngel a través de un canal de cerámica. Aquel sistema abastecía unas canaletas que llevaban el agua hasta un abrevadero para el ganado. Por entonces, la zona estaba presidida por los Estudios Generales, el antecedente de la Universidad de Barcelona.
Cuando ese edificio fue derribado en 1843, el Ayuntamiento encargó al arquitecto Pere Falqués un proyecto de fuentes farola para varios puntos de la ciudad. En un principio iban a ser cuatro, pero después el plan se amplió hasta catorce y la ejecución se adjudicó a Jaume Rodelles. La de Canaletas, levantada en 1892 en hierro fundido, es la que ha llegado hasta hoy. Tiene cuatro grifos, cuatro pilas circulares y el escudo de Barcelona en la parte superior. Es una pieza sobria, casi austera, muy lejos de la imagen grandilocuente que uno podría imaginar al oír hablar de ella.
El Café Baviera, los periódicos y los primeros culés en la Rambla
La relación entre Canaletas y el Barça empezó a tomar forma a finales de los años veinte del siglo pasado. Justo detrás de la fuente estaba la Cervecería Baviera, inaugurada en 1929 en el número 7 de la Rambla de Canaletas, un local que pronto se convirtió en punto de encuentro y de tertulia futbolera. Por allí pasaban con frecuencia jugadores míticos como Pep Samitier o Sagi Barba, y el establecimiento fue además pionero en la ciudad al servir caviar llegado directamente de Rusia.
Pero lo que acabó convirtiendo Canaletas en el corazón del barcelonismo fue la prensa. En la Rambla de Canaletas tenían su redacción periódicos deportivos como Las Noticias, El Sol o La Rambla. En una época sin televisión, sin internet y con una radio que apenas empezaba a abrirse paso, los aficionados que no podían ir al estadio se acercaban hasta allí para mirar las pizarras en las que los periodistas iban anotando los resultados, los goleadores y las novedades de los partidos. Si el Barça ganaba, la celebración arrancaba allí mismo. Y así quedó fijada para siempre la tradición en ese tramo de la Rambla.
Una celebración que sobrevivirá a las obras
Las obras de la Nueva Rambla, cuya finalización está prevista para febrero de 2027, están transformando el paseo más emblemático de Barcelona. Habrá aceras más anchas, menos tráfico rodado, tres espacios singulares con vocación de plaza y, cuando todo haya terminado, también se restaurará la propia fuente de Canaletas. Hasta entonces, la zona quedará fuera del alcance de las grandes aglomeraciones.
A estas alturas, que el Barça de Hansi Flick acabe ganando la Liga no parece ninguna sorpresa. El problema no es deportivo, sino práctico. Dónde se reunirá el barcelonismo si Canaletas no puede usarse. De momento, el Ayuntamiento y el club no han concretado ninguna alternativa pública, pero la respuesta tendrá que llegar pronto. Porque cuando el árbitro pite el final del partido que proclame campeón al equipo de Flick, miles de personas saldrán a la calle. Y todas necesitarán un lugar al que ir.
Canaletas puede quedar oculta tras las vallas y los andamios, pero la tradición que representa, casi cien años de memoria compartida, abrazos y cánticos, no desaparece por unas obras. Se adapta, espera y resiste. Como ha hecho siempre el barcelonismo.







