Cerca de uno de cada tres niños y adolescentes del área metropolitana de Barcelona (31,4%) se encuentra en riesgo de pobreza, según las Estadísticas metropolitanas de condiciones de vida 2024-2025 elaboradas por el Institut Metròpoli a partir de datos del INE y el Idescat.
Esta situación afecta a unos 148.000 menores y evidencia que la infancia es el colectivo más vulnerable dentro de la estructura social metropolitana.
En términos generales, el 19,4% de la población del área metropolitana, unas 660.000 personas, vive en riesgo de pobreza. Aunque la cifra ha mejorado ligeramente respecto a los años posteriores a la pandemia, los expertos señalan que la reducción es insuficiente para revertir una situación estructural de desigualdad.
Los datos reflejan una fuerte desigualdad entre territorios. Mientras en la ciudad de Barcelona el riesgo de pobreza se sitúa en torno al 16,4%, en los municipios del entorno metropolitano asciende al 22,4%, lo que indica un desplazamiento de la vulnerabilidad hacia la periferia urbana.
Además, la pobreza afecta de forma desigual según el origen: alcanza al 32,8% de la población nacida en el extranjero, frente al 14,8% de las personas nacidas en España, con especial incidencia en zonas metropolitanas con mayor presencia de población migrante.
Puede consultar los datos oficiales en el siguiente enlace del Instituto Nacional de Estadística (INE):
Condiciones materiales y privación infantil
Más allá de los ingresos, los indicadores de condiciones de vida muestran una situación preocupante. El 17,2% de los menores de 16 años vive en hogares con carencias materiales y sociales, una proporción que triplica la de la población mayor.
Entre las dificultades más habituales se encuentran retrasos en pagos vinculados a la vivienda, imposibilidad de mantener una temperatura adecuada en el hogar o limitaciones para acceder a una alimentación adecuada, según datos del propio Institut Metròpoli.
Diversos informes institucionales señalan el acceso a la vivienda como uno de los factores clave. El incremento sostenido de los costes residenciales y el peso del alquiler en familias con menores están ampliando la desigualdad infantil, hasta el punto de que la pobreza podría aumentar significativamente si se tienen en cuenta estos gastos.
Además, estudios metropolitanos indican que niños y mujeres concentran una mayor exposición a situaciones de vulnerabilidad dentro del conjunto de la población en riesgo de exclusión social.
Las administraciones públicas han intensificado las medidas para abordar este problema. El Ayuntamiento de Barcelona, junto con la Diputación y la Generalitat, ha impulsado una estrategia contra la pobreza infantil 2025-2030, dotada con más de 600 millones de euros, con el objetivo de coordinar políticas sociales y reducir la desigualdad estructural.
Asimismo, los datos muestran que las transferencias sociales reducen el riesgo de pobreza del 41,6% al 19,4%, lo que confirma el papel clave del sistema de protección social, aunque insuficiente para eliminar completamente la vulnerabilidad.
Persistencia de la exclusión social
A nivel autonómico, informes de organizaciones sociales como FOESSA sitúan la exclusión social en Cataluña en torno al 17% de la población, lo que evidencia que, pese a cierta recuperación económica, amplios sectores siguen sin alcanzar niveles adecuados de bienestar.
En conjunto, los datos de organismos estadísticos, administraciones públicas y entidades sociales coinciden en señalar que la pobreza infantil en el área metropolitana de Barcelona no solo persiste, sino que presenta un carácter estructural ligado a factores como la vivienda, la desigualdad territorial y la precariedad laboral.






