Oslo se tiñó de azulgrana. El Barça femenino ganó este sábado la cuarta Champions League de su historia al golear al Lyon por 4-0 en el Ullevaal Stadion de la capital noruega. El marcador final es contundente, aunque no refleja del todo una primera parte muy disputada. Sí es justo, en cambio, con lo que ocurrió después del descanso: una exhibición de fútbol que desmontó al conjunto francés pieza a pieza. Cuatro títulos europeos y siete finales en ocho años. Las culés vuelven a ser las mejores de Europa.
Pere Romeu sorprendió con el once inicial. Aitana Bonmatí, triple Balón de Oro, se quedó en el banquillo. Venía arrastrando una lesión de peroné y no tenía el ritmo necesario para una final de estas características. En su lugar jugó Clara Serrajordi, de dieciocho años, que se ganó la titularidad con una temporada de muy buen nivel. Paredes y Graham, ambas recuperadas de sus molestias físicas, también salieron de inicio.
Una primera parte para los nervios
El Lyon llegó a Oslo con toda su artillería. Wendie Renard, en su duodécima final continental, y Ada Hegerberg lideraron un equipo físico, intenso y muy difícil de superar en los duelos individuales. Desde el primer minuto quedó claro que sería un choque de estilos: la fuerza de las francesas contra el juego asociativo de las catalanas.
Las ocasiones fueron y vinieron. El Lyon creyó que había abierto el marcador a través de Heaps, pero el VAR lo deshizo por fuera de juego. En el lado blaugrana, Pajor tuvo un par de oportunidades que no aprovechó y Alexia avisó con un remate que pasó justo por fuera. La primera parte terminó con el 0-0 y, visto lo visto, era un resultado digno.
Pero si había una protagonista indiscutible de esos cuarenta y cinco minutos era Cata Coll. La portera detuvo un mano a mano de Hegerberg, respondió a una falta potente de Bacha y resolvió con solvencia varias situaciones comprometidas a balón parado. El Barça le debía mucho.
Pajor abre la puerta, Salma la cierra
La segunda parte fue otra historia. El Barça salió con más presión, más amplitud y las ideas mucho más claras. En el minuto 55, Patri Guijarro encontró a Pajor entre las líneas rivales y la polaca definió cruzada para batir a Endler. Era el primer gol y lo cambió todo.
Romeu movió el banquillo pronto. Graham dejó paso a Clàudia Pina, que recibió una ovación del público noruego —y de todos los culés que llenaban las gradas. Su entrada reactivó el ataque. En una jugada colectiva que incluyó a Pina, Brugts y Salma, Pajor remató para hacer el segundo. Doblete para la polaca, que cerró el torneo como máxima goleadora con once goles y se llevó el premio de mejor jugadora de la final.
El Lyon lo intentó. Chawinga tuvo una ocasión muy clara, pero Cata Coll volvió a aparecer. Mapi León y Aïcha —debutante en una final europea— salvaron otra situación de peligro. Y cuando el partido ya estaba decidido, Salma puso el punto final con dos tantos, el último en el minuto 93 en una carrera individual desde el centro del campo que hizo estallar el estadio.
En las gradas, más de cuatro mil aficionados blaugranas cantaron durante todo el segundo tiempo. El pitido final desató la alegría: abrazos, lágrimas y euforia de un equipo que sabe sufrir, sabe competir y, cuando llega el momento, sabe ganar. El Barça es, una vez más, el mejor de Europa.







