Hay problemas que dejan de ser una simple molestia cuando se convierten en una rutina. Para miles de usuarios de Rodalies, llegar tarde al trabajo, perder una clase o quedarse esperando en un andén sin información suficiente forma parte, demasiado a menudo, de su día a día.
“Salgo de casa con margen de sobra, pero nunca sé si llegaré a la hora. La semana pasada llegué cuarenta minutos tarde al trabajo por una avería y tuve que explicar, una vez más, que no dependía de mí”. Es el relato de un usuario que utiliza Rodalies cada mañana. Su historia podría ser la de cualquiera.
Rodalies arrastra las consecuencias de años de falta de inversión y de una red que necesita una modernización profunda. El déficit acumulado no se soluciona de un día para otro. Por eso conviene recordar que estamos ante un problema estructural, pero también ante una oportunidad para cambiar las cosas.
El Govern de Salvador Illa ha situado la mejora de Rodalies entre sus prioridades. El nuevo modelo de gestión compartida entre la Generalitat y el Estado, la constitución de la empresa Rodalies de Catalunya y el avance del traspaso de la red abren una nueva etapa. A ello se suman el Plan de Rodalies 2026-2030 y las inversiones previstas para mejorar infraestructuras, material móvil, estaciones y fiabilidad del servicio. El Govern cifra en 2.506 millones de euros las inversiones destinadas a mejorar el servicio y la red entre 2020 y 2025.
Pero invertir no es suficiente si no se hace con continuidad, planificación y una mirada de largo plazo. La R1, por ejemplo, arrastra un déficit de inversión estimado en 460 millones de euros. El traspaso de la infraestructura a la Generalitat debe servir precisamente para acercar la gestión al territorio y acelerar las soluciones.
Porque defender Rodalies es mucho más que defender un servicio ferroviario. Es defender el derecho a llegar al trabajo, a la universidad, al hospital o a casa sin que cada desplazamiento sea una incertidumbre. Es también apostar por un modelo de movilidad más sostenible, reducir la dependencia del coche y combatir las desigualdades territoriales.
Catalunya necesita más transporte público, no menos. Necesita trenes puntuales, frecuentes, seguros y accesibles. Y necesita recuperar la confianza de quienes cada día se suben a ellos.
Los usuarios tienen derecho a exigir resultados. Y las administraciones, la obligación de dárselos. El reto es enorme, pero la respuesta no puede ser resignarse. Después de años de desinversión, toca invertir, gestionar y cumplir. Porque llegar a tiempo no debería ser cuestión de suerte.









