La muestra “Una fuerza del pasado” explora cómo los artistas actuales miran hacia la historia del arte para reinterpretarla y darle nuevos significados.
CaixaForum Barcelona acoge hasta el 10 de enero la muestra «Una fuerza del pasado», que reúne 37 obras de pintura, escultura, fotografía, vídeo e instalación. De este conjunto, 32 forman parte de la Colección de Arte Contemporáneo de la Fundación ”la Caixa” y cinco proceden de préstamos.
La propuesta parte de una idea central: la historia del arte no es un legado cerrado, sino una fuente que los creadores contemporáneos pueden revisar, transformar y llevar a nuevos contextos. Artistas como Cindy Sherman, Mike Kelley, Sherrie Levine, Tacita Dean, Robert Mangold, Jorge Pardo, Julião Sarmento y Javier Arce, entre otros, establecen conexiones con obras, formas y referentes del pasado.
Desde CaixaForum remarcan que la exposición no quiere contraponer tradición e innovación. Por el contrario, plantea cómo una misma forma, un gesto o una composición pueden reaparecer muchos años después, trasladados a una técnica, una escala o un contexto completamente diferentes.
Un título inspirado en Pasolini
El nombre de la exposición proviene de un verso de «Poesías mundanas», un poema que Pier Paolo Pasolini escribió en 1962 y que posteriormente incluyó en el volumen «Poesía en forma de rosa» (1964).
Esta referencia también está presente en el inicio del recorrido, con un fragmento de «La ricotta» (1963), la película en la que Orson Welles, interpretando a un director de cine, recita los versos de Pasolini.
La relación con el pasado que plantea la exposición se aleja así de la simple nostalgia. En el caso de Pasolini, la tradición aparece también como herramienta para interpretar el presente y comprender el momento histórico que le toca vivir.
Un recorrido sin capítulos cerrados
«Una fuerza del pasado» no sigue una división temática convencional. El montaje evita proponer una única lectura e invita a los visitantes a establecer sus propias conexiones entre obras que, en principio, pueden parecer muy alejadas.
Para facilitar esta lectura, las cartelas de las piezas incorporan una imagen de la obra o referente con la que dialogan, acompañada de una explicación sobre esta relación. De esta forma, el público puede identificar si el vínculo se produce a través de la iconografía, la composición, la técnica, la escala, los materiales o el contexto cultural.
El resultado es un recorrido que combina formatos y dimensiones muy diversas: desde superficies pictóricas de más de cinco metros hasta fotografías, esculturas, películas de 16 milímetros, animaciones multicanal y grandes instalaciones.
Una de las piezas más inmersivas es La trayectoria de la luz en la caverna de Platón, de Mike Kelley, realizada entre 1985 y 1996. La obra adopta la forma de una cueva y obliga a los visitantes a entrar a cuatro patas, convirtiendo la experiencia física en parte esencial de la pieza y de su referencia a la metáfora pltónica de la caverna.
También destaca «Plan curvado / Figura XI» (1995), de Robert Mangold, que parte de un dibujo de Jacopo Pontormo de 1518 destinado a un fresco con Santa Cecilia. Mangold prescinde de los personajes y del relato religioso, pero conserva algunos elementos formales del original, como la diagonal, la línea curva y la relación con la arquitectura. El resultado es una pintura de 5,5 metros de ancho.
En el caso de «Sin título, núm. 228» (1990), Cindy Sherman recupera la figura de Judit, la heroína bíblica que decapita a Holofernes. La fotografía no reproduce una obra concreta, sino que combina referencias a diferentes tradiciones pictóricas y artistas que han representado este episodio, entre ellos Botticelli, Mantegna, Caravaggio y Artemisia Gentileschi.
El diálogo con los grandes maestros españoles
Una de las líneas de conexión que aparecen a lo largo de la muestra es la que vincula a los artistas contemporáneos con algunos de los nombres fundamentales de la historia del arte español, como Velázquez, Goya, Picasso y Miró.
Entre las obras expuestas se encuentran «Meninas IX» (1982), de Soledad Sevilla, que toma como punto de partida «Las meninas» de Velázquez. Sin embargo, el artista no se centra en los personajes del cuadro, sino en aspectos como la luz y el espacio.
En la misma área también puede verse «Las meninas de Picasso» (1973), de Richard Hamilton, que recupera la obra de Velázquez a través de la mirada de Picasso.
La relación con Francisco de Goya aparece, entre otras piezas, en «Aquelarre» (1969), de Equipo Crónica. La obra reformula «La romería de San Isidro» (1820-1823) e incorpora una referencia al «Guernica» (1937) de Picasso, concretamente la bombilla incandescente que aparece en el cuadro. El propio «Guernica» es evocado también en «El embalaje» (1969).
Duchamp como punto de conexión
Otro de los grandes referentes que atraviesa la exposición es Marcel Duchamp, en torno al cual se articulan varios diálogos entre obras.
Un ejemplo es «Los solteros (a partir de Marcel Duchamp)» (1990), de Sherrie Levine. El artista recupera los llamados solteros de «El gran vidrio» (1915-1923), de Duchamp, los transforma en esculturas de hierro y los presenta dentro de vitrinas, convirtiendo también el espacio museístico en parte de la reflexión.
El diálogo con Duchamp se prolonga en «Vivre et laisser mourir» o el fin trágico de «Marcel Duchamp» (1965), un políptico de Eduardo Arroyo, Antonio Recalcati y Gilles Aillaud.
La figura de Duchamp también desempeña un papel destacado en el proyecto de mediación asociado a la exposición, que ofrece a los visitantes herramientas para profundizar en las conexiones entre las diferentes obras.







