A pocos días de la primera vuelta presidencial, Brasil ha llevado al ámbito internacional una de las principales preocupaciones de su proceso electoral: la posible interferencia de potencias extranjeras en las elecciones de 2026. La Agencia Brasileña de Inteligencia (Abin) informó a representantes de Francia y Alemania sobre sospechas de actuaciones de Estados Unidos y Rusia.
La información procede de una reunión celebrada en Brasilia durante la visita de una delegación francesa y alemana entre el 9 y el 11 de septiembre. Según el informe elaborado por uno de los participantes, funcionarios de la Abin afirmaron que habían identificado interferencias procedentes tanto de Washington como de Moscú. En el caso estadounidense, las acciones mencionadas abarcarían desde el uso político del sistema judicial hasta formas de interferencia reconocidas públicamente. Sobre Rusia, sin embargo, no fueron presentados detalles concretos que permitieran identificar las actuaciones supuestamente detectadas.
La delegación europea no se encontraba en Brasil exclusivamente por la cuestión electoral. Su visita estaba vinculada a la aplicación de la Ley de Servicios Digitales de la Unión Europea (DSA) y a la preparación de respuestas coordinadas ante posibles amenazas durante las elecciones brasileñas. Por parte de Francia participaron representantes de Viginum, organismo dedicado a detectar operaciones extranjeras de manipulación informativa, y de Arcom, regulador de medios y comunicaciones. Alemania estuvo representada por funcionarios de su Agencia Federal de Redes.
El intercambio se produjo en un contexto internacional marcado por el creciente debate sobre la utilización de herramientas digitales, redes sociales y operaciones de influencia para intervenir en procesos electorales. En Europa, las autoridades observan con especial atención las actuaciones del Gobierno de Donald Trump y su apoyo abierto a candidatos y partidos de derecha alineados con el movimiento MAGA. Francia se prepara para sus propias elecciones presidenciales de 2027, mientras Alemania ha expresado críticas por el respaldo estadounidense a la ultraderechista AfD.
La dimensión tecnológica añade otra capa de preocupación. Un alto funcionario brasileño de seguridad cibernética que participó en la reunión afirmó, bajo condición de anonimato, que el número de ciberataques registrados en Brasil casi se había duplicado respecto a 2025. También habría aumentado considerablemente el número de intentos de intrusión y de phishing dirigidos contra estructuras vinculadas a la Presidencia de la República. El funcionario consideró que ese incremento estaba relacionado con el proceso electoral.
La Abin ya había elevado semanas antes el riesgo de influencia estadounidense sobre las elecciones al nivel de «criticidad» en un informe enviado al Gobierno y al Tribunal Superior Electoral. El documento señalaba una tendencia de incremento de la presión estadounidense sobre Brasil, aunque se trataba de una evaluación de inteligencia, no de una prueba pública y concluyente de una operación electoral extranjera.
Tanto Washington como Moscú han rechazado en otras ocasiones acusaciones de interferencia electoral. En este nuevo episodio, el Departamento de Estado estadounidense no respondió a las solicitudes de comentarios, mientras que la Abin y la Embajada rusa en Brasil tampoco ofrecieron una respuesta.
A tres días de las urnas, el episodio introduce una dimensión adicional en una campaña ya profundamente polarizada. La cuestión ya no se limita a quién intenta influir en el electorado brasileño, sino a la capacidad de las instituciones para detectar, documentar y contener cualquier operación extranjera sin convertir una sospecha de inteligencia en una acusación demostrada antes de que existan pruebas públicas suficientes.









