En cualquier sociedad que aspire a ser más justa, más cohesionada y con mayores oportunidades para todos, la educación es un pilar fundamental. En Cataluña, los docentes han sido históricamente una pieza clave para garantizar no sólo la transmisión de conocimiento, sino también valores de convivencia, igualdad y progreso colectivo. Por ello, el conflicto ofrecido entre la Generalitat y el colectivo debe abordarse desde el diálogo, la responsabilidad y el reconocimiento mutuo.
Todo el mundo reconoce el papel de los maestros y profesores y el esfuerzo que han realizado en los últimos años, al igual que otros colectivos de servidores públicos, para hacer frente a nuevas realidades, a cambios curriculares ya un incremento de las exigencias sociales y educativas. Todo ello supone en el colectivo un desgaste profesional.
También es cierto que el país necesita estabilidad educativa. Las familias y alumnos no pueden quedar atrapados en dinámicas de confrontación política o sindical. El sistema educativo requiere de amplios acuerdos, planificación y capacidad de consenso. La educación no puede convertirse en un campo de batalla partidista.
En los últimos años se han impulsado medidas para mejorar las plantillas, reducir ratios, avanzar en la estabilización laboral y construir nuevos equipamientos. Hay que seguir trabajando, y es imprescindible hacer que el profesorado y las instituciones vuelvan a andar en la misma dirección, desde el respeto y el compromiso compartido con la educación pública.








