Un 23,8% de la población barcelonesa mayor de 16 años afirmaba sentirse sola a menudo o a veces
El Ayuntamiento de Barcelona ha impulsado el Pacto de Ciudad contra las Soledades 2026-2030, una iniciativa que se marca como objetivo implicar a entidades, agentes económicos, sociales, mundo académico y al conjunto de la sociedad civil en la lucha contra un fenómeno que afecta a la salud, el bienestar y la cohesión social de la ciudad.
Barcelona fue pionera con la aprobación de la Estrategia Municipal contra la Soledad 2020-2030. El Pacto de Ciudad quiere transformar ahora ese compromiso en un acuerdo transversal, con el convencimiento de que la soledad no deseada es «un reto estructural y compartido», que requiere una respuesta colectiva.
Según datos del consistorio, en 2025 un 23,8 % de la población barcelonesa mayor de 16 años afirmaba sentirse sola (a veces, un 17,8 %, oa menudo, 5,9 %). Un sentimiento de soledad que afecta a personas de todas las edades. Los niños con edades comprendidas entre los 10 y 14 años presentaban valores superiores al 12% en sentimiento de soledad.
En este contexto, el pacto aborda el fenómeno desde el reconocimiento de que la soledad puede afectar a personas de todas las edades y contextos sociales y culturales. Así, pretende impulsar un cambio de relato social, superando visiones estigmatizantes y entendiendo a la soledad como una vivencia humana. Asimismo, promueve un enfoque comunitario y preventivo, reforzando vínculos de proximidad, espacios de encuentro y la detección precoz, especialmente en la infancia.
También sitúa a los barrios y entornos cotidianos como espacios clave para prevenir y acompañar situaciones de soledad y reivindica la cultura como herramienta para generar conexiones y expresar emociones. El Pacto de Ciudad apuesta por un trabajo basado en conocimiento, datos y evaluación, e impulsa la innovación y la adaptabilidad para dar respuesta a las necesidades cambiantes de la ciudadanía.
La iniciativa presenta siete retos «estratégicos e innovadores» para combatir las soledades invisibles, las del entorno laboral o las del espacio público conector. En este caso, el objetivo es adaptar el urbanismo y el diseño urbano para transformar a Barcelona en una ciudad más amigable y cuidadora.
También se marca como objetivo «reescribir la soledad», es decir, transformar el relato social para pasar del estigma a una visión de la soledad como oportunidad de crecimiento a través de la prevención. El plan también quiere incidir en el papel de la ciudadanía, en los proyectos intergeneracionales y en la prescripción social.







