Es una de las conclusiones del estudio para conocer el estado de contaminación del Mediterráneo
Siete de cada 10 tortugas marinas analizadas por el Centro de Recuperación de Animales Marinos (CRAM) el año pasado presentaban restos de plástico. Esta es una de las principales conclusiones que se puede extraer del estudio realizado por la entidad con la colaboración de Laboratoires SVR y que permite realizar una aproximación sobre el estado de contaminación del mar Mediterráneo.
El CRAM atendió el año pasado a un total de 98 tortugas marinas: 95 ejemplares de la especie boba (Caretta caretta), una tortuga verde (Chelonia mydas) y dos tortugas laúd (Dermochelys coriacea), siendo la primera vez en la historia del centro que se atienden ejemplares vivos de esta última especie.
De estos animales se pudieron obtener 58 muestras, entre heces recogidas durante su estancia en el centro y contenido digestivo procedente de necropsias. El análisis de estas muestras revela la presencia de restos de plástico en el 74% de los casos analizados.
El estudio analiza la presencia de residuos plásticos en las tortugas que ingresan en el centro mediante tres vías principales: el análisis de las heces durante su estancia en el centro, el estudio del contenido digestivo en los casos de necropsia y el registro de animales que llegan emmallados en basura marina o artes de pesca.
Las tortugas marinas, debido a su amplia distribución y su interacción con diferentes hábitats marinos, tienden a ingerir residuos presentes en el medio o quedar atrapadas. Al utilizar diferentes compartimentos del océano, desde el fondo hasta la superficie, se considera un bioindicador clave para evaluar el nivel de contaminación marina.
Durante el 2025 se analizaron 58 muestras de heces procedentes de tortugas en recuperación, encontrándose restos de plástico en 43 de ellas, lo que representa un 74,2% de los individuos analizados. El tipo de residuo más frecuente fue el plástico tipo lámina, que representó aproximadamente el 64% de los fragmentos hallados.
Además, se realizaron siete necropsias de tortugas marinas muertas, detectándose restos de plástico en cinco de ellas. En estos casos, el plástico no fue causa directa de la muerte de los individuos, aunque en varios animales se observaron signos de enteritis severa, una inflamación intestinal que puede provocar dolor, anorexia y comprometer el sistema inmunitario del animal.
Los resultados del estudio reflejan la presencia persistente de residuos plásticos en el mar Mediterráneo. Desde el CRAM recuerdan que el plástico no sólo representa un contaminante físico para la fauna marina, sino que también puede actuar como esponja química, acumulando sustancias potencialmente nocivas para la salud de los animales.
Estos altos porcentajes de restos plásticos en el interior de las tortugas marinas evidencian la magnitud del problema de la contaminación marina. Una problemática que no sólo afecta a la biodiversidad, sino que también tiene implicaciones para las personas, ya sea a través del consumo de productos del mar o del propio ciclo del agua.







