Hay proyectos que trascienden la construcción de un equipamiento para convertirse en una oportunidad de transformación urbana y social. El nuevo Campus de Salut Clínic-UB es uno de ellos. Y para L’Hospitalet representa, además, una ocasión histórica para transformar y dignificar su fachada norte, una zona densamente poblada que durante demasiados años ha convivido con grandes infraestructuras que han actuado como barreras.
La llegada del Clínic a este ámbito no debe entenderse únicamente como la construcción de un nuevo hospital. Supone ampliar los recursos sanitarios, reforzar la investigación y la formación universitaria y generar una nueva centralidad metropolitana alrededor de la salud y el conocimiento. Pero, sobre todo, debe servir para mejorar la vida de quienes ya viven allí.
Hay una incongruencia que este proyecto viene a corregir: que vecinos y vecinas del norte de L’Hospitalet hayan tenido que desplazarse hasta Sant Joan Despí para recibir atención hospitalaria cuando en la ciudad hay un centro sanitario de primer nivel, como el Hospital de Bellvitge. Con el nuevo campus, los barrios del Samontà dispondrán de un hospital de referencia en su propia ciudad. Es una cuestión de eficiencia, pero también de justicia territorial. Solventar una incongruencia que todavía nadie entiende.
La transformación va mucho más allá de la sanidad. El proyecto prevé nuevos espacios verdes, mejores conexiones urbanas y una movilidad más sostenible, contribuyendo a coser territorios que durante décadas han estado separados por carreteras y grandes nudos viarios. La fachada norte de L’Hospitalet puede dejar de ser un límite para convertirse en una puerta de entrada a una nueva ciudad metropolitana.
Y hay otro elemento fundamental desde una perspectiva progresista: la vivienda. El nuevo planeamiento contempla 1.125 viviendas, con el compromiso de que la mitad sean protegidas y asequibles. La mayor parte, unas 800, se ubicará en L’Hospitalet. En un contexto en el que acceder a una vivienda digna es uno de los grandes desafíos sociales, incorporar vivienda protegida desde el inicio de una gran transformación urbana es una decisión política que merece ser reivindicada.
Nada de esto sería posible sin colaboración institucional. Generalitat, Hospital Clínic, Universitat de Barcelona, Barcelona, L’Hospitalet, Esplugues, Diputació y Àrea Metropolitana participan en un proyecto que obliga a superar fronteras administrativas. El Consorci Porta Diagonal-Campus Clínic, constituido en 2026, es precisamente la herramienta para coordinar esta transformación.
Esta es, en definitiva, la idea de la Gran Barcelona que necesitamos: una metrópolis que no compita entre municipios, sino que coopere; que comparta equipamientos, oportunidades y servicios; que entienda que mejorar L’Hospitalet es mejorar Barcelona y que avanzar en Esplugues beneficia al conjunto del área metropolitana.
El Clínic puede ser mucho más que un hospital. Puede ser salud, vivienda, conocimiento, empleo, espacios verdes y cohesión urbana. Puede demostrar que cuando las administraciones trabajan juntas, los límites municipales dejan de ser fronteras y se convierten en puntos de encuentro.
Para L’Hospitalet, el reto es especialmente importante: hacer de su fachada norte un nuevo espacio de centralidad, dignidad y oportunidades. Para la Gran Barcelona, una oportunidad que no deberíamos dejar pasar.








