La UCO pasó casi todo el miércoles en la sede del PSOE mientras el Gobierno encajaba una sesión de control muy dura en el Congreso
El PSOE cerró el miércoles una jornada para olvidar. La Unidad Central Operativa de la Guardia Civil ocupó prácticamente todo el día la sede central del partido en Ferraz, en Madrid, para revisar documentación vinculada a la investigación sobre el presunto equipo de espionaje que, según un auto del juez Santiago Pedraz de la Audiencia Nacional, organizó el exsecretario de organización Santos Cerdán. La finalidad, siempre de acuerdo con el auto judicial, era recabar información comprometedora sobre personas relacionadas con investigaciones que afectaban al entorno del presidente del Gobierno. Todo ello, pagado con fondos del propio partido.
El día arrancó con un rumor que puso a todos en alerta: la investigación podría afectar a la financiación ilegal del PSOE. De confirmarse, habría supuesto una línea roja para buena parte de los socios parlamentarios del Gobierno. Horas después quedó claro que el foco se circunscribía a las presuntas maniobras de Cerdán. Diferente en gravedad, pero no una cuestión menor.
Sánchez no se mueve
Desde Roma, donde se encontraba en visita oficial, Pedro Sánchez dejó las cosas bien claras. Defendió a la gerente del PSOE, Ana Fuentes, sostuvo que el caso queda limitado a decisiones tomadas por personas que ya no forman parte del partido e insistió en que no piensa adelantar las elecciones. «No podemos meter al país en una parálisis», afirmó el presidente, en declaraciones recogidas por varios medios. La instrucción al PSOE es la misma de siempre en momentos de presión: aguantar, seguir gobernando y esperar a que el frente judicial se despeje.
El ministro Óscar López formuló con precisión lo que muchos socialistas pensaban en privado. Refiriéndose al momento y al calendario de las últimas revelaciones judiciales, apuntó que «cuanto más mayor se hace uno, menos cree en las coincidencias», en declaraciones recogidas por la prensa.
El PSOE, agotado y dividido
Dentro del partido, el cansancio se acumula. Dirigentes territoriales describen una situación de desbordamiento: siete causas judiciales simultáneas que el PSOE difícilmente puede digerir. «No salimos de una y nos metemos en otra», reconocía un secretario general de federación, que añadía que la sucesión interminable de malos momentos «devora» a la organización por dentro.
Entre los socios parlamentarios, la distancia también aumenta. Junts, el PNV, Podemos e incluso Sumar han marcado espacio públicamente respecto a los escándalos que rodean al PSOE, aunque ninguno de los partidos ha anunciado iniciativa de censura alguna.
La estrategia oficial del PSOE consiste en aislar el problema en las figuras de Cerdán —expulsado del partido— y de Leire Díez, que también lo ha abandonado. En cuanto a la gerente, Ana Fuentes, la dirección del PSOE entiende que, en el peor de los escenarios posibles, habría ejecutado instrucciones sin conocer su propósito real. Sánchez no tiene ninguna intención de sacrificarla.
Mariachis, violines y un exmagistrado en la puerta
Mientras la UCO trabajaba en el interior, los alrededores de la sede del PSOE ofrecieron escenas difíciles de clasificar. Un grupo de mariachis, que no quisieron decir quién les había contratado, amenizó la tarde frente al edificio. Poco antes, dos activistas de una organización ultraderechista habían interpretado con violín la banda sonora del Titanic para, según explicaron ellos mismos, celebrar lo que consideraban el hundimiento del PSOE.
Dentro del partido, la división es real. Hay quienes hablan de una operación orquestada para tumbar al Gobierno; otros evitan ese argumento. Algunos dirigentes se preguntan en voz baja si no sería mejor adelantar las elecciones y afrontar una derrota controlada antes que llegar al final de la legislatura mucho más erosionados. Sánchez, por ahora, no quiere ni oír hablar de ello. Y sus ministros repiten la misma pregunta: si ha aguantado momentos mucho más duros, ¿por qué ahora tendría que ser diferente?







