El exministro del Interior declara este jueves en el juicio del caso Kitchen, la operación ilegal financiada con fondos reservados que buscaba sustraer pruebas al extesosero del PP
El juicio del caso Kitchen llega este jueves al momento que todos esperaban. Jorge Fernández Díaz, exministro del Interior y principal acusado, toma la palabra ante el tribunal. La Fiscalía Anticorrupción reclama para él 15 años de prisión, al considerarlo el máximo responsable de una trama de espionaje contra Luis Bárcenas, extesosero del Partido Popular, sufragada con fondos reservados del Estado. El objetivo era claro: hacerse con las pruebas que Bárcenas pudiera conservar sobre la financiación irregular del PP a lo largo de más de dos décadas.
La operación lleva el nombre de Kitchen, el apodo que le puso el comisario Villarejo. Y el primer rastro documental que ha quedado apunta directamente a Fernández Díaz. El 13 de julio de 2013, a las 20:29, el ministro escribió a su número dos, Francisco Martínez: «Chofer. B: Sergio Ríos Esgueva (ahora hay esa función con su mujer). Es importante.» Ríos Esgueva era el chófer de la familia Bárcenas. La brigada política del ministerio lo captó como topo y lo pagó con fondos reservados.
Por qué ese mensaje, y por qué ese día
La fecha no es arbitraria. Bárcenas llevaba dos semanas en prisión cuando Fernández Díaz envió ese mensaje, y tres días después debía declarar ante el juez Pablo Ruz. En la sede del PP en Madrid el nerviosismo era máximo. El extesosero podía revelar los detalles de dos décadas de dinero negro de empresarios destinado a financiar al partido y a pagar sobresueldos a su cúpula, incluido quien aparecía en esos documentos como «M. Rajoy».
Francisco Martínez, secretario de Estado de Seguridad en aquel momento, aportó ese mensaje y otros tres ante dos notarios en 2020. Lo hizo en un contexto preciso: corría el rumor de que sería imputado, y acababa de leer unas declaraciones de Fernández Díaz en las que el exministro se desvinculaba de cualquier operación similar a la Kitchen. Martínez decidió actuar primero. Desde entonces no han aparecido más pruebas directas de la implicación del ministro, y por eso su defensa lo apuesta todo a desacreditar esos mensajes. Dos peritos confirmaron que los mensajes estaban en el teléfono de Martínez y que el emisor aparecía identificado como «Jorge Fernández Díaz», pero admitieron que determinar si ese número pertenecía a un abonado concreto no estaba dentro de sus competencias.
Dos acusados, una relación cambiante
Cuando Fernández Díaz termine de declarar, el turno será para Martínez. Su careo durante la instrucción fue tenso y agrio. Pero la relación ha evolucionado. En los últimos años, Martínez ha suavizado el tono: justificó los comentarios contra varios dirigentes del PP, incautados en su móvil, por la presión y el aislamiento que sintió en aquel período. Durante el juicio, ambos acusados se han tratado con normalidad y sus abogados han colaborado en momentos clave.
La tesis del juez instructor García Castellón, que ha llegado hasta el juicio, sitúa a Fernández Díaz como el ideólogo de la Kitchen, actuando al margen de Mariano Rajoy, pese a que el ministro no aparecía en los papeles de Bárcenas y que lo que se pretendía suprimir era precisamente una grabación en la que el presidente hablaba de la caja B. Los fiscales del caso denunciaron en su momento que García Castellón había blindado a la cúpula del PP y no había profundizado en la línea de investigación que señalaba a María Dolores de Cospedal.
La defensa de los acusados sostiene que la Kitchen nunca existió como operación ilegal: la Policía, argumentan, solo llevaba a cabo una «operación de inteligencia» para localizar el dinero de Bárcenas. Pero esta versión choca con los testimonios del juez Ruz y del investigador policial Manuel Morocho, quienes declararon que nunca tuvieron noticia alguna de la Kitchen mientras se desplegaban sus acciones sobre el terreno.






