Hay decisiones que no se planean. Que aparecen en un momento concreto y cambian el rumbo de todo. Eso es lo que le ocurrió a este maestro andaluz, Garci, que viajó a Tanzania casi por casualidad y acabó encontrando allí algo más que un destino: un motivo.
Hoy, su iniciativa solidaria, que también comparte a través de redes como @villapaletapuebladelrio, trabaja ya en varios centros educativos del entorno de Arusha, mejorando condiciones básicas que aquí se dan por hechas.
“No era el plan… pero supe que tenía que quedarme”
P. ¿Cómo empezó todo?
R. Fue totalmente inesperado. Yo estaba viajando y decidí hacer un safari en Tanzania. El último día conocí a una chica de Madrid que estaba haciendo voluntariado en un colegio cerca de Arusha. Fui a verlo… y ahí cambió todo.
Cancelé los vuelos y me quedé. Así empezó.
“Nunca imaginé que un vídeo iba a llegar tan lejos”
P. En pocos días logró recaudar 8.000 euros. ¿Cómo ocurrió?
R. Fue algo muy sencillo. Grabé un vídeo y lo compartí con amigos y grupos de WhatsApp. En cuestión de horas la cosa se descontroló.
No podía ni aceptar más Bizum. Gracias a amigos como “Rasqui” se movió muchísimo. Yo pensaba que llegaríamos a mil euros… pero aquello fue otra cosa.
“Cuando regresé, entendí que no había terminado”
P. ¿En qué momento decidió que esto iba en serio?
R. Al volver a España. Tenía claro que aquello no se quedaba allí.
Volví muy tocado. Con muchas cosas en la cabeza. Me planteé incluso vender cosas mías para seguir ayudando.
Luego entendí que había que hacerlo bien, con cabeza. Y en eso estamos.
“Más que construir, lo importante es lo que cambia en ellos”
P. ¿Qué han conseguido hasta ahora?
R. Hemos hecho cosas muy necesarias: comedor, baños, aulas…
Pero lo que más me marcó fue ver que algunos chavales consiguieron trabajo después de una formación en carpintería. Eso es lo que realmente cambia las cosas.
“Lo básico sigue siendo lo más urgente”
P. ¿Qué necesitan ahora mismo?
R. Venimos de meses complicados allí, con problemas tras las elecciones.
Pero lo urgente sigue siendo lo mismo: agua, luz, estructuras básicas. Cosas que aquí ni pensamos.
“Poco a poco estamos mejorando su día a día”
P. ¿Se nota el impacto en los alumnos?
R. Sí, claro. Ahora tienen mejores condiciones, más seguridad, más higiene…
Antes veías cinco niños en un banco para dos. Eso poco a poco está cambiando. Pero queda mucho.
“Allí aprendes que no puedes imponer tu forma de ver las cosas”
P. ¿Cómo trabajan sobre el terreno?
R. Escuchando. Llegamos, preguntamos y priorizamos lo que ellos consideran importante.
Sus necesidades no son las nuestras. Hay que adaptarse a eso.
“El colegio aquí ha sido fundamental”
P. ¿Qué papel juega vuestra comunidad desde España?
R. Es clave. El CEIP Hipólito Lobato se ha implicado muchísimo.
Gran parte de lo que conseguimos viene de iniciativas como la carrera solidaria.
Sin ellos esto no sería posible.
“Compartir no es dar lo que te sobra”
P. ¿Qué intentas transmitir a tus alumnos?
R. Que compartir es otra cosa.
Allí, si uno tiene pan y otro no, lo parte. Aquí muchas veces damos lo que sobra.
Y también que la felicidad no depende de lo que tienes.
“Queremos seguir mejorando lo básico… y algo más”
P. ¿Próximos objetivos?
R. Mejorar aulas, meter luz, agua en baños, más mobiliario…
Y si podemos, hacer una pista deportiva.
Y pintar el colegio, que también importa. Un cole con color cambia mucho.
“Me ha cambiado la forma de ver a la gente”
P. ¿Qué te ha dejado esta experiencia?
R. Me ha hecho creer otra vez en las personas. A pensar que son buenas.
Ser más humilde. No juzgar. Entender mejor lo que significa ayudar.
Mucho más que un proyecto
Lo que empezó como un viaje se ha convertido en algo más difícil de definir. No es solo cooperación, ni voluntariado, ni una iniciativa puntual.
Es, sobre todo, una forma distinta de mirar.
Y de actuar en consecuencia.








