El dispositivo, que se activará en su fase crítica entre el 6 y el 12 de junio, contempla la presencia del pontífice en Madrid, Barcelona y Canarias, e incluye centros de coordinación específicos para cada sede.
El Plan Especial del Dispositivo de Seguridad para la visita del papa León XIV a España movilizará cerca de 11.000 policías nacionales y más de 2.200 guardias civiles, según las primeras previsiones del Ministerio del Interior. El titular del departamento, Fernando Grande-Marlaska, presentó las cifras este lunes 4 de mayo tras una reunión de coordinación al máximo nivel celebrada en Madrid, en la que también participaron los responsables de los Mossos d’Esquadra, encabezados por Josep Lluís Trapero, que se incorporó por videoconferencia desde Barcelona.
Interior identifica la amenaza terrorista como la principal preocupación, en un país que mantiene activado desde hace años el nivel 4 reforzado de alerta antiterrorista. A esa amenaza se suman, según apuntó el ministro, los riesgos asociados a posibles radicalismos y a movimientos sociales que puedan aprovechar la visita para visibilizar reivindicaciones. La premisa de fondo, tal como planteó Marlaska, es proteger al pontífice sin que eso suponga un retroceso de derechos como el de manifestación.
Cuatro fases y tres sedes
El operativo se despliega en cuatro fases sucesivas. La preventiva se prolongará hasta la medianoche del 31 de mayo y se centrará en el trabajo de inteligencia y obtención de información. A continuación arrancará la fase de alerta, que se extenderá entre el 1 de junio y la llegada del pontífice. La fase crítica, la de mayor tensión operativa, se activará en torno al 6 de junio, fecha prevista para el inicio de la visita, y se mantendrá hasta el 12 de junio, cuando el avión que traslade a León XIV abandone el espacio aéreo español.
El plan se articula en torno a tres sedes principales. Madrid concentrará la actividad desde la medianoche del 5 de junio hasta las 13.30 horas del día 9. Barcelona tomará el relevo desde las 7 de la mañana del 9 hasta las 8 del día 11, lo que coloca a la capital catalana en fase crítica durante tres jornadas. La denominada sede Canarias se activará entre el 11 y el 12 de junio. En las cuatro provincias afectadas —Madrid, Barcelona, Las Palmas de Gran Canaria y Santa Cruz de Tenerife— se establecerán centros de coordinación (CECOR) para dirigir a los distintos cuerpos policiales.
La cifra global de agentes puede crecer en las próximas semanas. Aún está pendiente de cerrar el número exacto de mossos que aportará la Generalitat, así como los contingentes de policías locales que se sumarán al despliegue. Desde los Mossos avanzaron que su aportación se conocerá en cuestión de horas. La consellera de Interior, Núria Parlon, no asistió a la reunión de coordinación celebrada en Madrid.
Afluencia masiva y un escenario internacional complejo
Marlaska subrayó que la visita papal implica una serie de actos públicos y privados con afluencia masiva de fieles, lo que obliga a un esfuerzo adicional de preparación y ejecución. El ministro recordó que España ya ha gestionado dispositivos comparables, como la cumbre de la OTAN celebrada en Madrid en 2022 y las visitas previas de Juan Pablo II y Benedicto XVI, lo que sitúa al país como una referencia en seguridad de grandes eventos.
A ese reto se añade un calendario exigente. La visita papal coincidirá con los conciertos de Bad Bunny en Madrid, programados desde finales de mayo hasta mediados de junio, lo que obliga a compatibilizar dos despliegues de gran envergadura. El ministro insistió en que la prioridad de los actos vaticanos no irá en detrimento de otros acontecimientos ni de la vida cotidiana de la ciudadanía.
A todo ello se suma un contexto internacional, según lo describió el propio Marlaska, marcado por la guerra y las tensiones geopolíticas, sobre las que el Papa se ha pronunciado con creciente firmeza. Interior ya trabaja con el equipo de seguridad personal del pontífice, aunque por ahora no han intervenido la Guardia Suiza ni la policía italiana. Quedan por concretar detalles como el traslado entre Barcelona y Montserrat o los movimientos en Canarias, donde se valora un posible encuentro con migrantes africanos.







