Seis meses antes de morir, Isak Andic tenía una idea entre manos. Quería dar forma estable a todo lo que hacía de manera dispersa: ayudar a personas en dificultades, acompañar a emprendedores, canalizar recursos hacia quienes más los necesitaban. Una fundación. Un proyecto que llevaba tiempo tomando forma y que estaba a punto de convertirse en realidad. El 14 de diciembre de 2024 murió al caer durante una excursión de montaña. Hoy, la investigación judicial sitúa esa fundación en el corazón del caso: la magistrada la considera un posible detonante del crimen.
El hijo mayor de Andic, Jonathan, fue detenido el jueves acusado de homicidio. Según las conclusiones que se derivan de las conversaciones de WhatsApp examinadas por los investigadores, Jonathan supo a mediados de 2024 que su padre tenía intención de modificar el testamento para crear una fundación benéfica. Desde ese momento, su comportamiento cambió de manera perceptible: buscó la reconciliación con el padre, admitió que su actitud con el dinero no había sido la adecuada y propuso una salida a la montaña para hablar a solas. El padre dijo que sí. La jueza recoge todo esto en el auto y califica la fundación de «posible móvil económico».
Una fundación que recortaba la parte de los herederos
Lo que estaba en juego era muy concreto. Si el proyecto se hubiera ejecutado, una porción relevante de los beneficios de Mango habría dejado de repartirse entre los hijos. En 2024, la compañía obtuvo unas ganancias de 219 millones de euros, un 27% más que el ejercicio anterior. En 2025, la cifra creció hasta cerca de los 250 millones. En los dos últimos ejercicios, los herederos se repartieron 200 millones en dividendos.
Lluís Bassat, publicista y amigo cercano de Andic durante décadas, explicó públicamente poco después de su muerte que el proyecto estaba decidido. Andic había elegido destinar «un porcentaje muy importante» de los beneficios de la empresa. La institución, describía Bassat, habría estado «muy bien dotada para hacer cosas importantes». Su visión de Andic era nítida: no quería solo construir una empresa; quería construir algo para la gente.
Años de compromiso que iban más allá de Mango
La vocación social de Andic no era circunstancial. Fue él quien impulsó dentro de Mango un área dedicada a proyectos sociales, educativos y de apoyo a comunidades vulnerables. A título personal, colaboraba con el Hospital Sant Joan de Déu, la Fundación FERO —dedicada a la lucha contra el cáncer— y la Fundación Ared, centrada en la igualdad de género. También fue patrono de la Fundación Elena Barraquer y participó en el proyecto Alpan de ayuda alimentaria a personas necesitadas.
Dentro de la empresa, el proyecto de la fundación seguía vivo un año y medio después de su muerte. El nombre, las áreas de actuación y la persona que debía liderarla eran cuestiones pendientes. La situación judicial del hijo mayor condicionaba los plazos. Ahora, con la detención de Jonathan, todo ese proceso vuelve a quedar en suspenso mientras los tribunales hacen su trabajo.







