Inyecta plasma rico en plaquetas en una parte de las fundiciones nasales, una práctica que ya ha dado buenos resultados en países como Estados Unidos
El Hospital Germans Trias i Pujol, Can Ruti, es uno de los primeros centros sanitarios de España en empezar a probar una terapia para que pacientes que perdieron olfato a raíz de la cóvid puedan recuperarlo.
El tratamiento consiste en aplicar con anestesia local plasma rico en plaquetas en la zona olfativa de la nariz, en la parte superior de las fosas nasales. De esta forma se estimula el epitelio olfativo, el tejido encargado de detectar los olores. El procedimiento es ambulatorio y no requiere ingreso previo o posterior y el paciente puede realizar vida normal pocas horas después.
De hecho, esto no dura más de una hora, y comienza con la obtención de una pequeña muestra de sangre del propio paciente, que tras pasar por un proceso de centrifugación, concentra una fracción rica en plaquetas y en factores de crecimiento. Así, la técnica gana en seguridad y biocompatibilidad, haciendo que el riesgo de complicaciones sea muy bajo.
La terapia ya se ha puesto en práctica con buenos resultados en países como Estados Unidos, Francia y Bélgica y en Can Ruti ya se ha aplicado en una decena de pacientes. Todas mujeres, de entre 40 y 70 años, algunas atendidas por el Programa de Covid Persistent, en tanto que esta enfermedad fue una gran desencadenante de la pérdida de olfato a raíz de la pandemia.
Desde entonces, todas ellas se han sometido, sin éxito, a la única terapia existente hasta ahora para tratar de recuperar capacidad olfativa: es el llamado entrenamiento olfativo, consistente en oler, un par de veces al día durante meses, olores como el limón, la rosa, clavo de especia o eucalipto.
El protocolo que ha establecido la Unidad de Olfato de la sección de Rinología del Servicio de Otorrinolaringología de Germans Trias i Pujol para aplicar esta terapia prevé llevar a cabo una primera inyección en cada paciente y, seguidamente, someterlo a una prueba de olfato, para valorar si se ha experimentado alguna recuperación olfativa. Pero para empezar a saberlo será necesario que pasen de entre 3 a 6 meses.
Comida en mal estado, fugas de gas, aislamiento social…
La pérdida de olfato, médicamente conocida como anosmia si es total o hiposmia si es parcial, suele ser consecuencia de una inflamación nasal, de alergias, de sinusitis o de obstrucciones. También puede estar asociada al uso de ciertos medicamentos ya la exposición a tóxicos, así como ser síntoma de infecciones respiratorias, como la covid-19. De hecho, según los datos recogidos durante la pandemia, la anosmia repentina afectó aproximadamente a un 20 % de los contagiados de COVID-19 en Catalunya. La gran mayoría fue recuperando el olfato paulatinamente, pero 1 de cada 10 afectados ha tardado mucho en recuperarlo o no lo ha hecho y sufre alteraciones persistentes.
Según datos de la Sociedad Española de Otorrinolaringología, aproximadamente unas 400.000 personas viven sin olfato en España, una cifra que la Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que afecta al 5% de la población mundial.
Y todo ello afecta a quien lo sufre de forma diversa y con riesgos evidentes, como no poder oler comida en mal estado, no advertir incendios o fugas de gas, o sufrir inseguridad por la higiene personal o descuidar la de hogar. Además, los afectados experimentan un mayor malestar emocional y aislamiento social: por ejemplo, no pueden disfrutar de salir a comer o cenar con la familia y los amigos, o tienen menos parejas sexuales, sobre todo en población joven.







