Un estudio de la UPC alerta de que los avisos públicos infravaloran el riesgo nocturno y reclama adaptar viviendas y espacio urbano
Las altas temperaturas nocturnas son la principal causa de moralidad asociada al calor en Barcelona, por encima de las diurnas, según dos estudios del Centro de Política del Suelo y Valoraciones (CPSV) de la Universidad Politécnica de Catalunya (UPC).
Las investigaciones confirmaron que las temperaturas mínimas aumentaron 3,87°C entre 1971 y 2025 debido al efecto de isla de calor urbano nocturno y alertan de que los actuales sistemas públicos de aviso «infravaloran este riesgo». El profesor del CPSV y docente de la Escuela Superior de Arquitectura de Barcelona (ETSAB), Josep Roca, advirtió de que la ciudad podría registrar noches de más de 30°C de «manera habitual» hacia 2050 y reclamó adaptar tanto el espacio público como las viviendas al nuevo escenario climático.
«La gente no muere en Barcelona por la ola de calor durante el día, sino que muere por la noche porque no se puede recuperar», afirmó Roca, que calificó el calor nocturno de «asesino silencioso». El profesor ha atribuido este fenómeno a la falta de enfriamiento durante la noche, que impide que el organismo se recupere después de los episodios de calor extremo durante todo el día.
Entre 2007 y 2018 el análisis de la relación entre temperatura y mortalidad atribuyó un total de 721 muertes a las altas temperaturas mínimas (TN) nocturnas, superando las 571 defunciones vinculadas a las máximas (TX) diurnas. Debido a estos datos, los investigadores del CPSV destacaron que el calor nocturno impide el descanso de la población y esto se traduce en una mortalidad «más acusada», factor que «no debe desatenderse».
Roca aseguró que lo que «de verdad importa» son las oleadas de calor sanitarias. Es decir, aquéllas que tienen un impacto directo sobre la salud de la población. En este contexto, el CPSV sitúa el riesgo significativo de mortalidad a partir de los 30,2°C de temperatura máxima y de los 24°C de mínima, unos umbrales inferiores a los que actualmente utilizan algunos sistemas de alerta.
Los investigadores también han cuestionado los protocolos actuales de aviso por altas temperaturas por considerar que no dan suficiente peso a las temperaturas mínimas. Así, el investigador cuestionó el umbral de los avisos por calor nocturno en 27°C, una temperatura que calificó de «auténtica locura», al considerar que el riesgo para la salud aparece «mucho antes».
El CPSV advierte que este escenario afecta especialmente a la población de mayor edad. Actualmente, Barcelona cuenta con 362.000 personas de 65 o más años, una cifra que, según las proyecciones del Idescat, alcanzará las 490.000 en el 2050, aunque los investigadores estiman que podría superar las 700.000 si no se tienen en cuenta los movimientos migratorios. «Las personas mayores son las más vulnerables por esta amenaza», ha remarcado Roca.
Para profundizar en este impacto, el centro empezó a instalar sensores en el interior de las viviendas de personas mayores para monitorizar la temperatura y la humedad durante la noche. El objetivo es crear una base de datos sobre el confort térmico interior que, según los investigadores, «hoy no existe ni en Barcelona, ni en Cataluña ni en España».







