Según un estudio liderado por el Hospital Sant Joan de Déu de Sant Boi
Cuatro de cada diez mujeres jóvenes han tenido una idea suicida alguna vez, según los datos del estudio PROSIA-Y, liderado por el Parque Sanitario San Juan de Dios con el apoyo del Observatorio Social de la Fundación ”la Caixa”. En concreto, el 40,8% de las participantes afirma haber experimentado una idea suicida, frente al 24,8% de los hombres, una diferencia de 16 puntos porcentuales.
La desigualdad se mantiene también en los intentos de suicidio y en las autolesiones sin intención de morir. El 17,1% de las mujeres jóvenes participantes asegura haber intentado suicidarse alguna vez, frente al 6,6% de los hombres. Por lo que respecta a las autolesiones sin intención de morir, la proporción es del 37,9% entre las mujeres y del 15,4% entre los hombres.
Los datos corresponden a una muestra de 4.182 jóvenes y han sido presentados por la investigadora del Parc Sanitari Sant Joan de Déu Regina Vila durante la jornada Mujer y salud mental: Heridas invisibles, voces visibles, que ha inaugurado la Semana de la Salud Mental 2026 del centro de Sant Boi.
Vila ha destacado que incorporar la perspectiva de sexo en el análisis de la conducta suicida permite visibilizar diferencias que las cifras globales pueden ocultar. Los resultados de PROSIA-Y ponen así el foco en la necesidad de analizar de forma diferenciada el malestar psicológico y las conductas relacionadas con el suicidio entre chicos y chicas jóvenes.
La situación coincide con otros indicadores que apuntan a un aumento de problemas de salud mental entre las adolescentes. Una investigación realizada en Cataluña con más de dos millones de jóvenes detectó que las jóvenes presentaban aproximadamente el doble de nuevos diagnósticos de depresión y ansiedad que los chicos, así como casi nueve veces más diagnósticos de trastornos de la conducta alimentaria.
Según la psiquiatra infantil y juvenil Marta Pardo, el incremento del sufrimiento entre las adolescentes no responde a una única causa, sino que probablemente sea el resultado de la interacción de factores biológicos, evolutivos, psicológicos y sociales. Pardo también advirtió de que algunos trastornos, como el TDAH o el trastorno del espectro autista, pueden pasar más desapercibidos entre las chicas porque durante años los modelos diagnósticos se han construido principalmente a partir de patrones masculinos.
La jornada también puso el foco en el papel del trauma y las violencias en la salud mental de las mujeres. La psicóloga clínica Vanessa Narváez ha señalado que algunas mujeres llegan a los servicios de salud mental con síntomas de ansiedad, depresión o estrés postraumático sin que se explore lo suficiente el contexto de violencia que puede haber detrás.
En este sentido, las profesionales participantes han defendido la importancia de abordar no sólo los síntomas, sino también las circunstancias que pueden haberles provocado.
La perspectiva de sexo y género también ha sido señalada como elemento necesario para avanzar en la investigación y la atención en salud mental. La psiquiatra e investigadora Judith Usall, presidenta de la International Association for Women’s Mental Health, ha advertido que el androcentrismo en la investigación ha contribuido históricamente a tomar la experiencia masculina como referencia y ha limitado el conocimiento sobre algunos aspectos de la salud mental de las mujeres.
La jornada ha abordado también la salud mental perinatal, las necesidades específicas de las mujeres con esquizofrenia, la seguridad sexual durante las hospitalizaciones psiquiátricas y las consecuencias de los sesgos de género en el ámbito de la salud mental.
Las participantes coincidieron en señalar que incorporar la perspectiva de sexo y género es necesario para mejorar la investigación, la prevención, el diagnóstico y la atención en salud mental. Los datos del estudio PROSIA-Y contribuyen a poner cifras a estas diferencias y evidenciar la necesidad de abordar el malestar psicológico de los jóvenes teniendo en cuenta también el sexo y el género.








