Desastre electoral de conservadores y liberales
Los conservadores sufren un fuerte retroceso mientras la izquierda gana posiciones y resiste el avance de la ultraderecha. Alemania se suma a un mapa político europeo cada vez más fragmentado, con la histórica democracia cristiana de Friedrich Merz ante una grave crisis electoral. Dos mujeres de izquierdas, Manuela Schwesig y Elif Eralp, contienen a la extrema derecha en Alemania: una resiste a AfD en Mecklemburgo-Pomerania Occidental y la otra conquista Berlín para Die Linke.
Alemania ha hablado. Y lo ha hecho con un resultado que vuelve a sacudir el tablero político europeo. La ultraderecha de Alternativa para Alemania (AfD) continúa creciendo de manera extraordinaria, pero la jornada electoral deja también otra fotografía: la izquierda gana Berlín, el SPD resiste en Mecklemburgo-Pomerania Occidental y la CDU del canciller Friedrich Merz sufre un desastre histórico.
En Mecklemburgo-Pomerania Occidental, AfD gana con alrededor del 38% de los votos, frente a aproximadamente el 35% del SPD. La diferencia es importante, pero está lejos del hundimiento que algunos auguraban para los socialdemócratas. La presidenta regional, Manuela Schwesig, mantiene al SPD a escasa distancia de la extrema derecha y conserva posibilidades de continuar gobernando mediante una mayoría alternativa junto a Die Linke y Los Verdes.
AfD gana, por tanto, pero no dispone por sí sola de mayoría suficiente para gobernar y el resto de las principales formaciones mantiene el rechazo a pactar con ella.
El auténtico terremoto se produce en la CDU. El partido del canciller Merz obtiene alrededor del 4,9% y queda por debajo del umbral necesario para entrar en el Parlamento regional. Es su peor resultado en unas elecciones regionales de la Alemania democrática. El propio canciller no buscó eufemismos y calificó el resultado de «desastre».
Dos mujeres frente a AfD
La jornada tiene además dos nombres propios: Manuela Schwesig y Elif Eralp.
Schwesig, socialdemócrata y presidenta de Mecklemburgo-Pomerania Occidental desde 2017, ha desarrollado una campaña con un fuerte componente personal y ha marcado distancias respecto a determinadas políticas económicas y sociales del Gobierno federal. Su arraigo regional le ha permitido conservar un apoyo muy superior al que actualmente obtiene el SPD en otros territorios alemanes.
La segunda protagonista es Elif Eralp, candidata de Die Linke en Berlín.
Y allí no se trata simplemente de resistir. Die Linke gana.
La formación obtiene alrededor del 25% de los votos, prácticamente duplica su resultado anterior y se convierte en la primera fuerza política de la capital alemana. La CDU queda aproximadamente en el 19%, AfD alcanza alrededor del 16% y el SPD cae hasta cerca del 12%.
Eralp, de 45 años e hija de refugiados políticos turcos, representa además una nueva generación dentro de una formación que hunde parte de sus raíces históricas en el antiguo partido gobernante de la Alemania Oriental. Su campaña ha colocado en primer plano un problema cotidiano: la vivienda. El aumento de los alquileres y las dificultades para acceder a una casa se han convertido en uno de los grandes asuntos políticos de Berlín.
Los resultados permiten además una posible mayoría entre Die Linke, SPD y Los Verdes, que desalojaría a la CDU del gobierno berlinés.
Crece la ultraderecha, pero también existe otra Alemania
Sería un error minimizar el crecimiento de AfD. Su avance es enorme. Gana Mecklemburgo-Pomerania Occidental y mejora considerablemente sus resultados en Berlín. Alemania atraviesa una transformación política profunda y el voto de protesta está erosionando a los partidos que durante décadas vertebraron su sistema político.
Pero sería igualmente incompleto contar estas elecciones únicamente como otra victoria de la extrema derecha.
Porque Die Linke gana Berlín.
Porque el SPD conserva alrededor del 35% en Mecklemburgo-Pomerania Occidental.
Y porque la gran formación conservadora alemana, la CDU, queda fuera del Parlamento de ese land y pierde posiciones en Berlín.
Existe, por tanto, otra Alemania: la socialdemócrata, la de Die Linke, la verde y la de quienes se han movilizado masivamente ante un escenario político cada vez más polarizado.
La participación alcanzó aproximadamente el 78% en Mecklemburgo-Pomerania Occidental y el 75% en Berlín, con fuertes incrementos respecto a las elecciones anteriores.
El resultado no permite afirmar que Alemania haya girado simplemente hacia un único bloque político. Lo que muestra es un sistema mucho más fragmentado: crece extraordinariamente AfD, avanzan otras fuerzas situadas fuera del antiguo centro político y se debilitan formaciones tradicionales, especialmente la CDU en estos dos comicios.
Y entre todos esos números emergen dos mujeres.
Manuela Schwesig, que ha conseguido que la socialdemocracia resista a pocos puntos de AfD en Mecklemburgo-Pomerania Occidental.
Y Elif Eralp, que ha llevado a Die Linke a ganar las elecciones en Berlín.
Dos mujeres. Dos izquierdas diferentes. Dos territorios. Y una Alemania que demuestra que el espectacular crecimiento de la ultraderecha no constituye toda la historia de estas elecciones.
Porque AfD avanza. Mucho.
Pero la izquierda también gana, resiste y gobierna espacios decisivos.
Y la vieja democracia cristiana alemana acaba de recibir uno de los golpes electorales más duros de su historia.







