España es el primer productor ecológico de Europa, con más de tres millones de hectáreas de superficie agraria útil. El mercado ya mueve 3.250 millones de euros al año y la producción bio está presente en dos de cada tres hogares. Son datos que invitan al optimismo, pero el sector llega a la 32ª edición de BioCultura con un diagnóstico menos brillante: las ventas reales bajan. El crecimiento del volumen de negocio de los últimos años se explica, en buena parte, por el efecto de la inflación, no por un aumento real del consumo. La feria se celebra del 7 al 10 de mayo en La Farga de L’Hospitalet, con cerca de 20.000 productos, más de 250 actividades y una previsión de visitantes de entre 25.000 y 40.000 personas.
La directora de BioCultura, Montse Escutia, lo dejó claro durante la presentación de la edición en Terra Veritas Barcelona: el sector «no pasa por su mejor momento». El lema elegido para esta edición, ‘Lo pequeño es grande’, no es casual. Apunta directamente al modelo que la feria quiere reivindicar: el del productor local, pequeño y certificado, que compite en desigualdad de condiciones con una gran distribución que se ha apropiado del vocabulario ecológico sin siempre respetar su fondo.
Greenwashing y confusión en el mercado
Uno de los problemas que el sector identifica con más urgencia es la proliferación de etiquetas y sellos que prometen sostenibilidad sin garantizarla. Esta estrategia, conocida como greenwashing, ha generado una confusión en el consumidor que, según la organización de la feria, es una de las causas del frenazo del consumo. El consistorio de L’Hospitalet, sede de la feria, y las instituciones catalanas han respaldado la edición en un momento en que la normalización del consumo ecológico es también una apuesta de las políticas públicas locales.
La Eurohoja, el logotipo europeo que certifica que un producto cumple las normas estrictas de la UE, es la referencia que el sector propone ante esta avalancha de sellos alternativos. El mensaje de la feria es que la certificación marca la diferencia entre el producto ecológico real y el que simplemente se le parece.
La Asociación Vida Sana, organizadora de BioCultura, defiende que la feria cumple un papel de divulgación que va más allá de la compraventa: acercar el producto ecológico a nuevos consumidores y ayudar a normalizar un consumo que en Cataluña, pese a liderar el ranking estatal con 697 millones de euros anuales, sigue por debajo de la media europea.
Cataluña, primera en consumo pero con margen de crecimiento
Cataluña acumula cerca de 254.000 hectáreas de superficie agraria útil ecológica y es la tercera comunidad en producción y elaboración, pero la primera en consumo interno. Pese al liderazgo, la brecha con los países del norte de Europa es amplia. La feria se presenta, edición tras edición, como una herramienta para reducirla.
El perfil del consumidor ecológico es, en general, el de una persona adulta, con un nivel cultural y adquisitivo medio-alto y una preocupación activa por la salud y el medioambiente. La salud es, con diferencia, el principal motor de compra, sobre todo en hogares con niños o personas con enfermedades. Ampliar este perfil hacia capas de la población con menos poder adquisitivo es uno de los retos que el sector se plantea sin haber encontrado aún una respuesta clara.
Más de 250 actividades abiertas a todos
BioCultura no es solo un espacio de compraventa. El programa paralelo incluye más de 250 actividades: conferencias, talleres prácticos, showcooking, un showroom de ecoestética y presentaciones de proyectos. El espacio MamaTerra y las food trucks hacen que la propuesta sea accesible para familias con niños. Las sesiones con expertos abordan temas tan diversos como la nutrición, la sonoterapia, la hidroterapia, las plantas medicinales, la salud ocular o las intolerancias alimentarias.
La feria conecta productores y consumidores de manera directa: los expositores explican cómo trabajan y de dónde vienen sus productos, una trazabilidad que en los lineales de los supermercados resulta imposible de transmitir. La edición llega en un contexto de incertidumbre económica global que afecta a los productores locales de manera especial, pero BioCultura insiste en que es precisamente en momentos como este cuando el modelo agroecológico de proximidad tiene más sentido.








