Texas rompe la hegemonía republicana, el voto hispano cambia de dirección y la extrema derecha internacional ve cómo se debilitan su principal referente político y sus redes de apoyo
Hay derrotas electorales que se explican contando votos y otras que anuncian transformaciones históricas. Lo que ha ocurrido en Estados Unidos pertenece, en mi opinión, a esta segunda categoría.
Donald Trump está sufriendo un severo correctivo político. Los resultados y las proyecciones apuntan a un importante avance demócrata en el Congreso y en diversas gobernaciones. Pero la noticia verdaderamente trascendente es en Texas, donde el republicanismo había construido una de sus fortalezas más poderosas.
Desde el Equipo 27 defendemos que los procesos electorales deben interpretarse estudiando los desplazamientos sociales, las expectativas frustradas y las razones por las que determinados ciudadanos abandonan sus identificaciones políticas anteriores.
Nuestra hipótesis es contundente: estamos ante el comienzo de una transformación sociológica del electorado estadounidense y del ocaso político del trumpismo.
Texas: el principio de una revolución electoral
Si existe un territorio que simboliza este cambio, ese territorio es Texas.
Durante más de tres décadas, el republicanismo convirtió al segundo estado más poblado de Estados Unidos en una fortaleza prácticamente inexpugnable. Desde 1994, ningún demócrata había ganado la gobernación; desde 1988 tampoco había conseguido ninguna victoria en las elecciones al Senado federal.
Los resultados comunicados esta madrugada apuntan a una ruptura histórica.
Gina Hinojosa aparece como ganadora frente al republicano Greg Abbott, según la proyección de Associated Press (AP), y Abbott ya ha reconocido la derrota. Pero el otro gran protagonista es James Talarico, el joven dirigente demócrata que, según la misma proyección, ha derrotado al ultraconservador Ken Paxton, avalado por Trump.
Talarico representa una nova generació política que ha comprès una cosa essencial: la principal fractura de la societat nord-americana no es troba entre blancs i hispans, immigrants i nacionals, sinó entre els qui concentren la riquesa i els qui pateixen les conseqüències de la desigualtat.
Su discurso, construido en torno a la justicia económica, la dignidad y la crítica al poder de los multimillonarios, ha logrado penetrar en sectores sociales que el trumpismo consideraba propios. Texas demuestra que ninguna hegemonía electoral es irreversible.
El Congreso y los gobiernos estatales
La dimensión nacional del retroceso republicano es igualmente significativa. Los resultados conocidos apuntan a una recuperación demócrata del Senado y las proyecciones de la Cámara de Representantes indican un cambio de mayoría, según CBS News y NBC News, aunque aún debe precisarse su composición definitiva.
En las gobernaciones destacan los avances demócratas en Iowa y Georgia, según las proyecciones de AP, mientras otros estados competitivos permiten observar la extensión territorial del desgaste republicano.
Una mayoría demócrata en ambas cámaras limitaría la capacidad legislativa de Trump, incrementaría la fiscalización de su Administración y abriría un escenario político profundamente distinto. Sin embargo, el resultado más importante no es sólo institucional.
La cuestión decisiva consiste en determinar si el voto de castigo está llegando a los sectores sociales que hicieron posible su victoria presidencial de 2024.
Los hispanos están cambiando su voto
Éste es, probablemente, el fenómeno sociológico más relevante de las elecciones. Trump logró en 2024 importantes avances entre los votantes latinos, especialmente entre hombres y sectores populares preocupados por la economía y la seguridad.
Los resultados de Texas y la encuesta AP Voter Poll, realizada a nivel nacional, revelan indicios de un desplazamiento hacia los demócratas que puede adquirir dimensiones históricas.
No hablemos exclusivamente de una reacción contra las deportaciones masivas o las actuaciones del ICE. Estamos ante la acumulación de frustraciones económicas, decepciones políticas y una percepción creciente de que el trumpismo ha utilizado a los inmigrantes como responsables de problemas que nunca provocaron.
El electorado hispano comienza a cuestionar una identificación política que parecía consolidarse.
Naturalmente, ese proceso no es uniforme. En Florida persisten sectores cubanoamericanos y venezolanoamericanos vinculados al republicanismo y al discurso de Trump, condicionados por sus experiencias históricas y sus tradiciones políticas. Pero estas particularidades no desvirtúan el alcance del cambio observado en otros territorios.
Texas constituye la referencia más poderosa que el trumpismo puede perder precisamente entre quienes contribuyeron a fortalecerlo.
El ICE y la política de la crueldad
Trump convirtió a la inmigración en uno de los principales instrumentos de confrontación política.
Las deportaciones masivas, las actuaciones del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas -ICE- y las denuncias de abusos han trasladado el conflicto al interior de numerosas comunidades estadounidenses.
Las muertes relacionadas con intervenciones migratorias o producidas bajo custodia exigen investigaciones independientes y responsabilidades penales cuando corresponda.
Como abogado, considero intolerable que las garantías constitucionales y la dignidad humana puedan subordinarse a una estrategia de propaganda gubernamental.
La crueldad no es autoridad. La persecución no es justicia. Y ningún Estado democrático puede convertir el sufrimiento humano en una exhibición de poder.
El trabajador empobrecido debía responsabilizar al inmigrante de sus dificultades. Quien no podía pagar la vivienda debía señalar al extranjero. Y quien sufría el encarecimiento de los alimentos debía encontrar consuelo en las deportaciones.
Pero las dificultades materiales persisten y la propaganda no puede sustituir indefinidamente a la realidad.
La recomposición del voto popular
Trump construyó su victoria mediante una coalición que incorporaba a trabajadores industriales, sectores rurales, clases medias empobrecidas y segmentos de votantes hispanos y afroamericanos.
Su gran operación ideológica consistió en transformar el malestar económico en resentimiento contra otros ciudadanos.
La victoria atribuida a Talarico tiene especial significado porque plantea una alternativa política centrada en los salarios, la vivienda, el coste de la vida y la distribución de la riqueza.
Desde el Equipo 27 consideramos fundamental comprobar si el descontento está provocando desplazamientos estables entre los trabajadores blancos, los hispanos y los afroamericanos.
Porque la mayor amenaza electoral para Trump no es que sus adversarios se unan, sino que sus propios votantes descubran que sus verdaderos problemas nunca fueron sus vecinos.
La extrema derecha pierde su gran referente
Las consecuencias internacionales de estas elecciones trascienden a Estados Unidos.
Trump representa el principal referente institucional de numerosos movimientos de extrema derecha en Europa y Latinoamérica.
Vox, el bolsonarismo y otras organizaciones han hallado en su liderazgo legitimación política, capacidad de influencia y acceso a redes internacionales de apoyo.
La extrema derecha internacional pierde autoridad con el debilitamiento de Trump y afronta una amenaza sobre las redes de poder y financiación construidas en torno a su liderazgo.
Una derrota electoral no demuestra que estas fuentes económicas hayan desaparecido. Pero sí puede reducir su capacidad de influencia y articulación de alianzas internacionales.
Durante años, la extrema derecha presentó el éxito de Trump como la prueba de que el autoritarismo, la confrontación y el nacionalismo excluyente eran estrategias electorales ganadoras.
Los resultados estadounidenses cuestionan esta pretendida invencibilidad.
El miedo cambia de bando
Sería un error subestimar el trumpismo. Conserva a millones de seguidores y una capacidad de movilización importante.
Pero conservar una considerable base electoral no equivale a mantener una hegemonía social.
Texas demuestra que se pueden derrumbar fortalezas políticas aparentemente inexpugnables. Y el comportamiento del electorado hispano apunta a un desplazamiento que merece especial atención sociológica.
Trump construyó su liderazgo explotando el miedo al paro, a la inseguridad ya la pérdida de identidad. Luego convirtió esos miedos en instrumentos de enfrentamiento contra los más vulnerables.
Ahora empieza a comprobar que el miedo también puede girarse contra quien lo utiliza.
El ocaso de Trump puede convertirse en el principio del debilitamiento de la extrema derecha internacional.
No porque desaparezcan sus organizaciones, sino porque su principal referente comienza a dejar de representar una garantía de victoria.
Trump prometió devolver la grandeza a Estados Unidos. Puede acabar demostrando que ninguna nación se hace mayor persiguiendo a los débiles, enfrentando a sus ciudadanos y convirtiendo la crueldad en una forma de gobierno.
La historia todavía no ha dictado su sentencia definitiva.
Pero las urnas han empezado a escribirla.
Y esta vez el miedo cambia de bando.
Blas Ballesteros Sastre
Abogado, politólogo y analista electoral
Equipo 27









