Dos años de escándalos judiciales que afectan al entorno de Pedro Sánchez, y el PP sigue sin presentar la moción de censura. El exministro Ábalos, su colaborador Koldo García, el exsecretario de organización Santos Cerdán y ahora el expresidente Zapatero han protagonizado una cadena de causas que Alberto Núñez Feijóo ha aprovechado para endurecer su discurso. Pero una cosa es el tono, y otra es actuar. El líder del PP, por ahora, se queda en el tono.
En la sesión de control del Congreso afirmó que sin el Consejo de Ministros, Zapatero no habría podido «delinquir». El secretario general Miguel Tellado habló de «capos de la trama que empiezan a caer», y la portavoz parlamentaria Ester Muñoz repasó todas las investigaciones que afectan al entorno presidencial. Contundencia verbal, ninguna acción extraordinaria.
Sin votos, sin moción
Feijóo ha reconocido en privado que, si dependiera de él, ya habría registrado la moción. Los números, sin embargo, no le cuadran, y no la presentará para perderla. En el núcleo duro del partido se ha instalado cierto consenso sobre cuál sería el detonante: la sentencia del caso de las mascarillas, protagonizado por Ábalos. Cuando los tribunales se pronuncien, el PP tendrá que tomar la decisión de verdad. Feijóo lo llama «el momento procesal adecuado», y la mayoría de dirigentes lo interpreta igual.
El dilema se repite cada pocas semanas. Presentar la moción para enviar una señal al electorado conservador, que lleva tiempo reclamando contundencia, o esperar hasta tener los votos. Algunos dirigentes han defendido en privado que debería presentarse aunque se supiera que se perdería: una derrota calculada, argumentan, es también un mensaje político potente.
Junts, la única opción; Vox, fuera de la ecuación
Para que la moción llegue a buen puerto, el PP necesita apoyos que ahora no tiene. El PNV se da por perdido, y el único grupo al que algunos dirigentes populares ven como una posibilidad real —remota, pero posible— es Junts. Feijóo ha lanzado mensajes en esa dirección en varias ocasiones, siempre con el grupo catalanista en mente.
Lo que el PP descarta sin vacilación es moverse al ritmo de Vox. El grupo de extrema derecha no tiene escaños suficientes para registrar la moción por su cuenta, y cada vez que Abascal la ha reclamado, los populares han tomado distancia. La portavoz Ester Muñoz fue directa: si Abascal insiste en algo «condenado al fracaso», tendrá que ser él quien lo explique.
El PP en modo espera
La imputación de Zapatero ha devuelto el debate sobre la moción a primera línea, pero el PP ha respondido igual que siempre: dureza en las palabras, cero movimiento en los hechos. No hubo rueda de prensa extraordinaria, ni manifestación, ni iniciativa parlamentaria nueva. Nada comparable a las movilizaciones del año pasado, cuando Feijóo encabezó concentraciones multitudinarias junto a Aznar y Rajoy.
La estrategia es clara: acumular desgaste sobre el gobierno, dejar que la justicia marque el ritmo y actuar cuando los números acompañen. Hasta entonces, palabras.







