La expansión de la inteligencia artificial está abriendo una nueva batalla por uno de los recursos esenciales para el desarrollo económico de Catalunya: la electricidad. El crecimiento de los centros de datos, infraestructuras imprescindibles para almacenar información y ejecutar los sistemas de IA, está obligando a la Generalitat a afrontar un desafío que va mucho más allá de la transformación digital: cómo garantizar suficiente capacidad energética para atraer nuevas inversiones sin comprometer las necesidades del resto del tejido productivo.
El Govern ha identificado 26 proyectos potenciales de centros de datos en Catalunya que, conjuntamente, podrían requerir cerca de 2.000 megavatios de potencia. Para ordenar este crecimiento, la Generalitat ha definido siete polos prioritarios en los que pretende concentrar el desarrollo de estas infraestructuras. El objetivo es aprovechar la posición estratégica de Catalunya y, especialmente, de Barcelona, como nodo de conectividad del sur de Europa.
La ubicación de Barcelona ofrece ventajas relevantes para este sector. La ciudad cuenta con conexiones internacionales de fibra óptica, cables submarinos que llegan a la costa catalana y una importante concentración de empresas tecnológicas y de telecomunicaciones. El área metropolitana también alberga infraestructuras de grandes operadores, entre ellas instalaciones de Equinix en la Zona Franca y L’Hospitalet de Llobregat. Estas condiciones han convertido el territorio en un candidato atractivo para captar nuevas inversiones vinculadas a la economía digital.
Pero el principal cuello de botella ya no es la conectividad. Es la disponibilidad de electricidad. Los operadores advierten de que las limitaciones de las redes de distribución pueden impedir que una instalación entre en funcionamiento incluso después de haber completado su construcción. La creciente demanda de potencia obliga, por tanto, a coordinar el despliegue de los centros de datos con la planificación energética y con las necesidades de las empresas que ya operan en Catalunya.
El debate incorpora además una dimensión territorial. Las organizaciones ecologistas cuestionan que las ventajas económicas y laborales de determinados centros de datos compensen su elevado consumo energético. Ecologistes en Acció ha advertido del riesgo de que grandes consumidores concentren una parte significativa de la capacidad eléctrica disponible y dificulten la implantación de otras actividades industriales. La entidad ha utilizado incluso el concepto de «gentrificación energética» para describir este posible desplazamiento de otros usos productivos.
La discusión resulta especialmente relevante porque los centros de datos se han convertido en una infraestructura estratégica para la expansión de la inteligencia artificial. Su presencia permite alojar datos y capacidad de procesamiento dentro del territorio europeo y refuerza la soberanía digital, pero también exige grandes cantidades de energía y plantea nuevos retos de planificación.
El desafío para Catalunya será, por tanto, encontrar un equilibrio entre atraer inversiones tecnológicas, garantizar la disponibilidad energética y evitar que la expansión de una nueva industria digital termine condicionando las posibilidades de crecimiento del resto de la economía. Con 26 proyectos potenciales sobre la mesa, la cuestión ya no es únicamente cuántos centros de datos puede atraer Catalunya, sino cuánta energía está dispuesta a destinar a ellos y bajo qué condiciones.







