Alberto Núñez Feijóo ha cerrado el ciclo autonómico con cinco victorias consecutivas. Extremadura, Castilla y León, Aragón y ahora Andalucía. El balance es bueno sobre el papel, pero esconde una dificultad creciente: en todos los territorios donde el PP ya gobernaba, su posición se ha complicado. En Andalucía, Juanma Moreno ha perdido la mayoría absoluta y tendrá que buscar apoyos para gobernar. Victoria, sí. Pero con menos margen.
Ahora Feijóo mira hacia las generales. Y la pregunta que no puede evitar es qué tipo de PP quiere ser cuando llegue la gran cita electoral. El ciclo autonómico ha dejado sobre la mesa dos modelos muy distintos, y los dos funcionan, pero en contextos opuestos.
Dos modelos, un solo partido
Moreno Bonilla ha demostrado que el PP puede obtener buenos resultados sin imitar a Vox. Su discurso, moderado y centrado en la gestión, fue suficiente para captar el voto socialista desencantado sin necesidad de endurecer posiciones. Incluso plantó cara a un principio acordado entre PP y Vox en varias autonomías —la preferencia nacional— y lo calificó de «irreal y anticonstitucional». Pese a las tensiones, ganó. El ejemplo andaluz demuestra que no hace falta competir con la extrema derecha en su propio terreno para conseguir resultados.
En el otro extremo está el modelo madrileño. Isabel Díaz Ayuso ha disputado el electorado de Vox con su mismo discurso, incluso en temas que Génova había tratado como líneas rojas. En Madrid funciona. Pero lo que funciona en la capital no se puede exportar al conjunto del país sin asumir riesgos importantes.
La presión interna y los pactos con Vox
Feijóo llegó a la presidencia del PP con la promesa de volver al centro. La presión de Ayuso y el avance de Vox lo han ido empujando hacia posiciones más duras. Ahora, los pactos de gobierno con Vox en varias comunidades autónomas le añaden trabas: Abascal ha tendido varias trampas que podrían movilizar al electorado de izquierdas en unas generales, donde las dinámicas son mucho más difíciles de controlar que en las autonómicas.
Hay casos que muestran hasta dónde puede llegar el endurecimiento del discurso. En Badalona, el alcalde Xavier Albiol llegó al poder con una retórica muy dura sobre inmigración. Es un ejemplo que algunos sectores del PP ven como modelo y otros como advertencia.
Qué PP irá a las generales
La decisión que Feijóo tiene que acabar de tomar es estratégica e ideológica al mismo tiempo. Un PP amplio, capaz de pescar en el espacio de la centroizquierda, tiene opciones de ganar en solitario. Un PP que compite con Vox en su propio espacio puede consolidar el bloque de derechas, pero se arriesgaría a perder el voto moderado que necesita para una mayoría. El tiempo se acaba, y el camino que elija marcará al partido durante años.







